LA NOSTALGIA ME DUELE MÁS AL AMANECER
Poco antes del amanecer, cogidos de la mano, abandonamos el hotel. Tal como esperábamos, no había nadie en la playa situada delante de aquel edificio. Sobre nuestras cabezas, el cielo era una mezcla de gris y violeta algo difuso todavía. Por el este empezaba a dibujarse la claridad que anunciaba