NECESIDAD DE UN ABRAZO PERFECTO (MICRORRELATO)


NECESIDAD DE UN ABRAZO PERFECTO
(Copyright Andrés Fornells)
Cariño, tengo una necesidad inaplazable, unas ganas enormes, locas, desesperadas de abrazarte muy fuerte, manteniendo los oídos agudizados al máximo para escuchar los tiernos latidos de tu corazón, y con los ojos bien cerrados para que nada distraiga la sublime comunicación que, a través de nuestros pechos, tienen nuestras almas.

SU SUEÑO ERA CONVERTIRSE EN INGRÁVIDO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Nació en un pequeño pueblo perdido entre montañas. Desde muy niño le fascinaron de un modo muy especial los pájaros, las mariposas y las libélulas. Los pájaros por sus admirables vuelos y sus alegres trinos. Las mariposas por los extraordinarios colores de sus alas y por su volar trémulo, torpe y aparentemente desorientado. Las libélulas por sus extrañas alas trasparentes y su permanecer un tiempo en el aire sin avanzar, como si estuvieran reflexionando sobre la dirección que iban a escoger.
Y de todos ellos, por encima de las peculiaridades que les hacían especiales, el niño admiraba su ingravidez. Ingravidez que intentó practicar infructuosamente cayendo siempre de bruces en el duro suelo haciéndose daño a veces. Ese niño fue creciendo con esta poderosísima obsesión, hasta que una noche vio un espectáculo de ballet en la televisión y descubrió lo que podría hacer para convertirse, dentro de sus limitadas posibilidades humanas, durante algunos segundos, en tan ingrávido como el pájaro, como la mariposa y como la libélula.
Y tras muchos años de durísimo trabajo, de férrea voluntad e infinitos sacrificios, aquel niño, ya convertido en hombre, lo consiguió un día. Un día pudo experimentar esa dicha que solo conocen aquellos que son capaces de luchar con todas sus fuerzas para convertir el mayor de sus sueños en realidad,

FORGES SE NOS FUE DE VIAJE (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
Hoy el HUMOR está de luto. Nos ha abandonado, en persona, pues su magnífica obra será eterna, Antonio Fraguas FORGES. Este genial humorista gráfico, desde sus viñetas nos ha mostrado todos los días, con jocosidad, inteligencia y ternura, cuanto ocurría en nuestro desorientado, envidiado y apaleado país.
Forges también fue un gran inventor de palabras que muchos hemos repetido entre sonrisas, y a veces carcajadas, pues unas eran sesudas y, otras, muy divertidas.
Antes de hacerse famoso como humorista gráfico, Forges realizó varios trabajos que le sirvieron para estudiar a muchos seres humanos que luego convertiría en personajes de sus numerosas obras.
Diario 16, El Mundo y El País, han sido los afortunados sembradores de sus talentosas semillas.
Seremos multitud los que te echaremos de menos, Gran Maestro, y más que nadie te extrañarán tus Blasillos, Marianos y Conchas.
Descansa en Paz Antonio Fraguas FORGES.

LO QUE MERECEMOS SABER SOBRE LOS POLÍTICOS (ACTUALIDAD)

(Copyright Andrés Fornells)
Me gustaría no ser uno más de los millones de españoles que hablan pestes de los políticos. Me gustaría creer que entre esta “élite” de privilegiados que nos gobiernan o aspiran a hacerlo, existen algunos que realmente quieren ayudar a su país y a sus ciudadanos, ¿pero cómo averiguar que estos últimos existen y no son producto de la esperanza de gente bien pensada como lo soy yo? ¡Imposible!
Los ciudadanos no tenemos más detectives y portavoces que los periódicos, las televisiones y demás medios de comunicación para averiguar cosas sobre estas personas públicas tan influyentes. ¿Y qué hacen todos esos medios de comunicación? Pues lo que hacen es no mencionar, reconocer, ensalzar, descubrir para el pueblo llano a todos esos políticos que son horados, ejemplares, altruistas y generosos con su esfuerzo a favor del pueblo que, votándoles o no, los mantiene a cuerpo de rey, tiene que soportarles y sufrirles.
Sé, casi con certeza que puedo estar predicando en desierto, en oídos sordos y, lo que es peor, oídos que no quieren oír; pero les ruego a esos periodistas honestos, que no son ni partidarios fanatizados, ni paniaguados ciegos, sino que son profesionales ecuánimes, imparciales, incorruptibles, que nos hagan el inmenso favor de permitirnos conocer a los políticos ejemplares, sacrificados y admirables (que alimento la ilusionada esperanza de que los tenemos), en vez de poner todo el tiempo en la palestra únicamente a los corruptos, trincones y desalmados. ¿Pido demasiado?

EL ABRAZO A LA ABUELA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Los seres humanos no paramos de crear cosas y con estas creaciones, unas veces acertamos y, otras veces, como que no tanto. Hubo un tiempo en que los humanos nos comunicábamos por medio de tam-tams, señales de humo y hasta telepáticamente. Ahora tenemos infinidad de cacharros que nos permiten comunicarnos y, sin embargo, cada vez lo hacemos más desde la distancia.
Conozco el caso de una abuela y una nieta que viven en distintos pisos, pero en la misma calle y, la pequeña, en vez de ir a la vivienda de su abuela darle dos cálidos besos e interesarse sobre qué tal está, le envía un mensaje por WhatsApp que dice así: “Buenos días, abuela. Cuídate”. Y la abuela, cansada de que este mismo mensaje se repita todos los días, a menudo ni lo lee. Y se va a la panadería donde se queda un buen rato hablando con la gente, sintiendo su simpatía, su cercanía, su interés verdadero, y enlaza la mirada de sus ojos cansados y sabios con la mirada de los ojos de las personas que tiene muy próxima.
Veo a esta anciana de vez en cuando, pues no siempre puedo acercarme a la panadería. Cuando me encuentro con ella y con su mirada hambrienta de afecto, se endulza mi corazón, me acuerdo de mi abuela Vicenta a la que tanto quise y le digo:
—¿Cómo se encuentra usted hoy, señora Lucía?
—Aquí sigo, hijo. Porque Dios es muy bueno y me mantiene viva.
—¿Se siente usted hoy lo bastante fuerte para resistir un abrazo mío?
—Eso siempre, hijo.
Y le doy un abrazo que le hace a ella tanto bien como a mí.

EL MAL JARDINERO (PÍLDORAS FILOSÓFICAS)


EL MAL JARDINERO
(Copyright Andrés Fornells)
Seamos sensibles.
Seamos sentimentales.
Seamos tiernos.
Seamos cuidadosos.
Practiquemos la delicadeza.
La delicadeza es hermosa.
La delicadeza es sublime.
La delicadeza es una de las maravillas
que hacen especiales a los seres humanos
que la practican a diario,
en todo momento,
con todo y con todos.
No seamos como el mal jardinero
que no sabiendo cuidar las mágicas rosas de cristal
que crecían en su jardín
y el muy bruto las rompió todas
con sus ruda,insensibles manos.

NO SOMOS ROBOTS (OPINIÓN)

(Copyright Andrés Fornells)
Miro a mi alrededor. Miro cerca y miro lejos. Miro con ojos realistas y críticos. ¿Y qué veo que me entristece, me deprime y me asusta profundamente? Veo un desarraigo que, al igual que el ojo de un terrible huracán, crece y crece, y destruye y devasta todo cuanto encuentra a su paso.
Este huracán al que me refiero es el desarraigo. El desarraigo que se está produciendo, cada vez con mayor intensidad en gran parte de la humanidad. Un desarraigo que comienza dejando de dar importancia a la patria de uno, a las tradiciones de sus ancestros, a sus valores, a la unión de la familia y, finalmente, a los propios padres.
A mí, todo esto me parece terrorífico. Si una persona deja de amar a la tierra donde nació, a la gente que le rodea, a las personas que le demuestran afecto, a los progenitores que le dieron la vida y lo cuidaron, se convierte en una isla despoblada en la que se obliga a subsistir sin el imprescindible alimento de los afectos, de los sentimientos hermosos que hacen la vida merecedora de ser vivida, y se transforma en una especie de robot que no aprecia la sublimidad de la belleza, la generosidad de los lazos familiares, la grandeza de la amistad y desconoce que el amor nos es imprescindible.
Los robots les son muy útiles a los acumuladores de riqueza porque gracias a ellos se ahorran los salarios de muchos obreros a los que condenan al desempleo, a la miseria y a la desesperación.
Los predicadores del desarraigo y sus seguidores pretenden eliminar lo que hace tan especiales, tan grandes, tan extraordinarios, a los seres humanos. Lo repetiré: La sublimidad de la belleza, la generosidad de los lazos familiares, la grandeza de la amistad y desconoce que el amor nos es imprescindible.

MADRE LEÍA NOVELITAS DE AMOR (MI NUEVO LIBRO)


AGRADECERÍA MUCHÍSIMO A QUIENES HAN LEÍDO O LEERAN MI LIBRO “MADRE LEÍA NOVELITAS DE AMOR” ESCRIBIERAN UN BREVE COMENTARIO, SOBRE ÉL, EN AMAZON.
UNA FAMILIA HUMILDE ENCUENTRA LA FELICIDAD EN LA MARAVILLOSA TERNURA QUE COMPARTEN. (QUIENES GOZAN LEYENDO MIS RELATOS CORTOS, GOZARÁN IGUALMENTE CON ESTA NOVELITA) Pulsando este enlace pueden leer gratis dos capítulos de este libro.
https://www.amazon.com/Madre-le%C3%ADa-novelitas-amor-Spanish-ebook/dp/B0753XV8R8
(Libro para niños y adultos publicado en Amazon 2,99 € e-book y 5,99 € papel)

DÍGALE A LORENA QUE HA VENIDO SAN VALENTÍN (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Lorena y yo nos habíamos enfadado. Nos habíamos enfadado por un fallo
psicológico mío. Ella había estado en la peluquería y le habían hecho
un peinado con muchos tirabuzones y yo abrí mi bocaza para decirle que
no la favorecía nada, que con el pelo así se parecía a la tísica de la Dama de las Camelias. Lorena, que se había gastado un buen dinero y esperaba cayese yo rendido de admiración viéndola con aquel peinado, se disgustó de un modo terrible, me llamó de todo, menos bonito, y me dijo no quería volver a verme el resto de su longeva vida. Yo le pedí perdón al aire pues ella se alejaba ya más rápido que si acabara de montarse en una moto
A mí Lorena me gustaba, como suele decirse exageradamente, a morir. Así que un día 14 de febrero por la mañana me presenté en su casa. Me abrió la puerta su madre que, seguramente conocía lo ocurrido entre nosotros dos porque me dijo mirándome con lástima:
—Mi hija no querrá verte.
Improvisé, aprovechando que hay momentos del día en que mi cerebro funciona como si fuese uno de los buenos:
—Dígale que ha venido san Valentín para hablar con ella.
A mi posible futura suegra le entró una risa de garganta, asintió con la cabeza, se adentró en la casa, escuché un cuchicheo y, segundos más tarde Lorena llegó junto a mí, más seria que el Cobrador del Frac y me dijo:
—¿No me escuchaste cuando te dije que no quería volver a verte en lo que me resta de vida, grosero?
—Pensé que a lo mejor te habías arrepentido y como hoy es san Valentín, pensé que era un día muy bueno para hacer tú y yo las paces. Te he traído estas flores —las había mantenido ocultas detrás de la espalda y se las entregué.
Ella cogiéndolas, sin desarrugar el ceño, dijo:
—Me las has traído con toda la intención de que me pinche las manos con sus espinas, ¿verdad?
Saqué la otra mano que guardaba detrás de la espalda y le entregué una caja de bombones, que ella también cogió sin desarrugar el ceño.
—Ya, tú lo que quieres es que yo engorde, me ponga como una foca y no le guste a nadie —sentenció sin devolverme ninguna de las dos cosas.
Saqué un papelito que llevaba en el bolsillo superior de mi chaqueta y se lo ofrecí. Y por fin, desarrugando ella el entrecejo y curvando sus labios esa sonrisa suya que yo nunca me cansaba de besar, leyó:
—Vale por un peinado estilo Dama de las Camelias.
Rompió a reír y dijo mirándome como si hubiese recuperado de golpe su amor por mí:
—Pero que encantadoramente sinvergüenza eres.
—Vamos, dame un besito rápido antes de que venga tu madre, a ver si nos estamos tirando de los pelos.
Y así fue como Lorena y yo hicimos las paces. Lo cual no evita que yo siga odiando ese peinado con tirabuzones a lo Marguerite Gautier.

LA VOZ (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Alejandro y Rocío se habían casado por amor. Ambos trabajaban. Su categoría laboral era la de obreros de una gran multinacional, una de esas enormes empresas en las que quienes la hacen prosperar no conocen ni a los dirigentes principales ni a los accionistas que se enriquecen con su esfuerzo diario, mientras ellos, a cambio de ese esfuerzo obtenían un sueldo que les alcanzaba, controlando cada céntimo, para ir subsistiendo ellos y los dos hijos pequeños que tenían.
Cierta mañana, Alejandro cruzaba un paso de peatones cuando un individuo que conducía borracho no frenó a tiempo y lo atropelló. Las consecuencias de este acto criminal fueron, para el borracho que pertenecía a una familia acaudalada, solo la alta minuta de los abogados que consiguieron burlar la ley y alegar que el accidente lo había causado Alejandro cruzando la calle sin mirar.
El pobre Alejandro quedó en coma. Los especialistas que lo examinaron no dieron esperanzas de que se recobrase. Sus probabilidades eran muy escasas. Lo más probable sería que terminase, desgraciadamente, traspasando la barrera que separa la vida de la muerte.
Transcurrieron varios meses y Alejandro continuaba en el mismo estado de inconciencia con los ojos cerrados y absolutamente inmóvil. Su mujer y sus niños, cuando podían, los fines de semana, lo visitaban en su habitación del hospital y, con todo el cariño que le tenían permanecían un tiempo con él y le hablaban con la esperanza de que él recobrase el conocimiento y la vida, pero nada de esto sucedía.
María, la madre de Alejandro vivía a más de cinco mil kilómetros de la ciudad donde tenía a su hijo postrado en una cama de hospital. Lloraba a menudo y exponía su deseo de verlo antes de que muriese el único hijo que de su matrimonio había tenido. Compadecidos de ella, algunos amigos que la querían fueron juntando, poco a poco, dinero para que ella pudiese desplazarse al país donde su hijo podía morir en cualquier momento. Eran gente muy humilde y tardaron algo más de un año en reunir el dinero que a ella le costaría el viaje de ida y vuelta.
Y por fin María pudo emprender el viaje que preveía el más amargo de toda su vida: ver al hijo que ella había criado sano, fuerte y feliz, inmóvil como un muerto.
Cansada por muchas horas de vuelo, llegó finalmente al centro hospitalario a una hora en que su nuera y sus nietos se hallaban, la primera en el trabajo, y los segundos en el colegio.
Cuando explicó en la recepción quién era y el motivo que la había traído hasta allí, aunque no era horario de visita la dejaron entrar en el cuarto de su hijo. La mujer, nada más verle tan demacrado y cadavérico, sin signo alguno de vida, soltó su pequeña maleta en el suelo, acercó una silla al lecho de Alejandro, le cogió una mano y se la llevó a los labios y la llenó de besos igual que había hecho cuando él era un niño indefenso que dependía totalmente de ella. Junto con los besos cayeron sobre la mano del hombre las lágrimas de dolor suyas. Espero ella a recuperarse un poco de la infinita tristeza que la había dejado sin fuerzas, para finalmente balbucir en un hilo de voz, con esa infinita ternura que únicamente una buena y amorosa madre puede poseer, una sola palabra:
—Hijo…
Transcurrieron unos segundos y, de pronto, los párpados del hombre postrado comenzaron a parpadear tan débilmente que apenas fue perceptible. Luego esos párpados terminaron abriéndose del todo, su mirada se fijo en la mirada de la mujer que lo contemplaba con un brillo de esperanza en sus ojos cansados y anegados en llanto y logró murmurar:
—Madre…
Los médicos dirían que la voz de aquella mujer había sido milagrosa, pues a partir del momento de escucharla Alejandro comenzó una rápida recuperación.