SOBRE CONOCER O NO EL AMOR (MICRORRELATO)


Arriba, un cielo sombrío, amenazador, con pocos claros entre las negras nubes para que puedan asomarse las titilantes estrellas. Sin luna visible. Abajo, un barrio marginal. Escaso tráfico en sus calles estrechas, llenas de baches y suciedad. Aceras en mal estado, sucias también. Olor a pobreza flotando en el aire
—¡El balón! ¡El balón! ¡Tírenos al balón, abuelo! —gritaron los niños que jugaban al futbol en la calle, viéndolo rodar lejos de ellos. El anciano encorvado que venía por la acera vio venir la pelota hacia donde él se encontraba, y sonrió. Cuando la tuvo casi encima alzó un pie
En el Noroeste de España, en la céltica y verde Galicia, a la que los romanos llamaron "Finis Terrae", por ser entonces el extremo más occidental del mundo conocido, cuenta la tradición que estuvo el Apóstol Santiago, como llamamos los españoles a Jacob el hijo de Zebedeo y
Eugenio Terraza regresó de un viaje a Nueva York y todos sus amigos, mientras tomaban cerveza en el Bar Los Canarios quisieron saber qué fue lo que más le había impresionado de cuanto vio en su visita a la llamada también Gran Manzana. —Bueno, me han impresionado infinidad de cosas.