UN ROBO CAMBIÓ SU VIDA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Arturo Cervatillo era un pintor de brocha gorda. Ganaba con su oficio, para ir comiendo y no siempre todo lo bien que él habría querido. A menudo se lamentaba:
—La verdad es que soy bastante desgraciado. Cuando pinto exteriores subido en un destartalado andamio, corro el peligro de caerme y, además paso, en invierno más frío que un esquimal y, en verano, más calor que los palos de un churrero.
—No te quejes —le decían los amigos bienintencionados—, que mucho peor que tú están los parados, pues algunos de ellos se ven obligados a robar para no morir de hambre.
Uno de estos parados en peligro de muerte por inanición le robó a Arturo el baqueteado maletín de plástico donde él guardaba sus pinceles, dejándole solo uno de ellos, el más pequeñito, junto a una nota que ponía: “Para que pintes tu enfado en la tapadera de un inodoro”.
Arturo siguió este consejo y se hizo famoso pintando originales figuras de hermosos efebos en las tapas de inodoros rosadas para el uso de las damas, y bellas señoritas curvilíneas en las tapas de inodoros azules y rojos de los caballeros.
Antes de transcurrido un año, Arturo se hizo rico trabajando como innovador de moda, de una afamada empresa multinacional nipona.
En las numerosas entrevistas que le hacían, a la pregunta de cómo se le había ocurrido aquella genial, extravagante novedad estilística, el respondía:
—Fue fruto de un gran enfado del que nunca le estaré lo suficientemente agradecido a quien me lo causó.
Queda con este ejemplo demostrado que, a menudo, la moda suele ser fruto de la casualidad.