PASEAN UN ABUELO Y SU NIETO (MICRORRELATO)
Un abuelo y su nieto pasean por el parque de una gran ciudad. Hace una temperatura muy agradable. El otoño todavía no comenzó a desnudar los árboles caducifolios.
Están rodeados de gente. El anciano no se distrae en ningún momento, pues está pendiente todo el tiempo de que el niño no se suelte de su mano y pueda correr algún peligro con las personas subidas en bicicleta o los paseantes con perros.
El niño sobrado de energía da continuos saltitos, el anciano marcha a pasitos cortos, cansinos, arrastrando mucho los pies.
De pronto ambos se detienen delante de un árbol centenario y levantan la vista a lo alto. El nieto se ha quedado observando a un avión cuyo plateado fuselaje resplandece bañado por el sol. Y piensa, ilusionado, que de mayor le gustaría ser piloto, conducir uno de estos impresionantes aparatos y surcar los cielos.
El abuelo ha fijado su vista en un jilguero que emite su bonito trino, y recuerda que su abuelo le regaló uno cuando él era tan pequeño como ahora es su nieto, y piensa que, al igual que su abuelo cuando paseaban juntos, también él se hallaba cerca del final de su vida. Sus ojos se llenan de humedad. A pesar de los muchos avatares que ha pasado no tiene deseo alguno de morir.
Su nieto tira de él y le exige:
—Vamos, abuelo, que te paras por cualquier cosa.
El anciano esboza una mueca-sonrisa. La historia se repite. También él le decía algo parecido a su abuelo cuando de niño paseaba con él, y responde imitando la amarga reflexión del anciano muchos años ya desaparecido:
—Veremos lo ligero que andas tú cuando seas tan viejo como soy yo ahora.
Su nieto se ríe despreocupado. No entiende la vejez. Se halla todavía tan lejos de ella. No piensa, no sabe, no conoce todavía lo corta que parece la vida cuando se aprecia cercano el momento en que va a terminarse.
(Copyright Andrés Fornells)