EXPLICAR
Fue de muy niño que a Rodolfo se le despertó una extraordinaria pasión por los libros nuevos. Lo fascinaban sus portadas, sus olores y muy especialmente su contenido. Y empleó muchas, muchas horas disfrutándolos. Veía uno con una portada subyugadora y el deseo de poseerlo se le hacía insoportable, exasperante,
Al niño Agustinito lo dominaban sus estrictos padres metiéndole miedo: —Como no te comas esto que tienes en el plato vendrá el Coco y te llevará con él a su cueva oscura. Como no te portes bien, el Coco te hará crecer orejas de burro. Si no estudias, el Coco
Estuvo a su lado un brevísimo instante. Algo fugaz como la caída de una estrella, El aromático suspiro de una flor. Los mágicos silencios de un hada. Algo tan sutil como la sombra de una nube. Sin embargo, con su sola presencia, El brillo de sus ojos claros y limpios,
Agapito Linares la vio salir de una tienda y, al instante su corazón enloqueció. Pudo sentirlo dentro de su pecho advertirle, a golpes de trueno, que aquella era la mujer por él soñada infinidad de veces. Decidió seguirla. Un sabio presentimiento le avisó de que si la perdía nunca más