DEJAR DE SOÑAR (MICRORRELATO)

Un hombre no descubrió lo infinitamente pobre que era, hasta el día en que para su desgracia perdió la capacidad de soñar.

Un hombre no descubrió lo infinitamente pobre que era, hasta el día en que para su desgracia perdió la capacidad de soñar.
Elena se despertó sobresaltada. Parpadeo varias veces y adquirió conciencia de que se encontraba en su dormitorio y por la ventana cubierta por unos ligeros visillos entraba la luz de la madrugada. Su mente trató de averiguar la causa de su brusco despertar. Lo atribuyó a una pesadilla que había
La niña saltaba a la comba en el jardín. Tenía las piernas largas y ágiles, y los calcetines caídos. Llevaba su pelo recogido en una cola de caballo, y con él pintaba garabatos en el aire de una mañana primaveral. El ejercicio sacaba colores y su carita de melocotón. Sonreía.
Una buena madre, a lo largo de su vida vierte sobre sus amados hijos el inmenso caudal de bondad, ternura y generosidad que almacena su prodigioso corazón. Y si esos hijos la maltratan, la traicionan con su desagradecimiento y su olvido, ella obra como la rosa con la mano que
Zaida es una mujer de más de cuarenta años que se mantiene en magnífica forma física gracias a una dieta equilibrada y a su asistencia, tres veces por semana al dojo donde practica artes marciales. Genaro, su marido, solo cuatro años mayor que ella, contable de profesión, se ha convertido