UNA FECHA HORRIBLE (MICRORRELATO)
Elena se despertó sobresaltada. Parpadeo varias veces y adquirió conciencia de que se encontraba en su dormitorio y por la ventana cubierta por unos ligeros visillos entraba la luz de la madrugada. Su mente trató de averiguar la causa de su brusco despertar. Lo atribuyó a una pesadilla que había tenido. En esa pesadilla ella había quedado atrapada dentro de un tupido, oscuro bosque y se había apoderado de ella una terrible, insoportable angustia, porque buscaba desesperadamente escapar de aquella especie de prisión vegetal. Corría de un lado a otro sin encontrar la salida de este lugar convertido en laberinto.
Giró el cuello hacia su derecha. Su esposo, tendido al lado de ella, dormía profundamente. Sin tener una explicación clara para ello le indignó su intenso disfrute de sueño apacible, sin pesadilla alguna que lo angustiase. <<No es ni la mitad de sensible que yo. Es un hombre práctico, calmoso, tranquilo. Me exaspera que sea así>>.
Elena se puso una bata y marchó a la cocina. Prepararía el desayuno y luego despertaría al comodón señor de la casa, pensó con malsana ironía. Sacó del frigorífico un envase de leche, vertió la totalidad de su contenido en un cazo y lo colocó encima del quemador que acababa de encender. Puso unas rebanadas de pan de molde en el tostador. Dirigió la mirada al transistor colocado en un rincón del banco situado a continuación de la encimera. Pensó en poner un poco de música. La pondría bajita y, si a pesar de ello su marido se despertaba, pues que se fastidiase. De todas formas no tardaría mucho en tener los desayunos listos y lo llamaría entonces.
Antes de que terminara de tenerlo todo listo se abrió la puerta de la cocina y su esposo con lágrimas en los ojos la abrazo y entre sollozos logró balbucir:
—Debes sentir hoy, al igual que yo, tu corazón roto.
Entonces ella, mientras lo abrazaba a su vez, fijó la vista en el calendario, vio la fecha que señalaba y rompió a llorar también musitando:
—Perdona, perdona…
Su marido, al que momentos antes había tildado de comodón e inalterable se había acordado antes que ella de que un día 5 de febrero, cinco años atrás, se les había muerto el bebé que habían tenido casi milagrosamente, pues por problemas uterinos a ella le era imposible volver a tener hijos.
(Copyright Andrés Fornells)