DIVINA INOCENCIA (RELATO ERÓTICO)

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DIVINA INOCENCIA (RELATO ERÓTICO)

La niña saltaba a la comba en el jardín. Tenía las piernas largas y ágiles, y los calcetines caídos.  Llevaba su pelo recogido en una cola de caballo, y con él pintaba garabatos en el aire de una mañana primaveral. El ejercicio sacaba colores y su carita de melocotón. Sonreía. La niña era feliz sin saber por que lo era, que es la mejor manera de serlo.

Su hermano pequeño, pantalones que se había puesto limpios aquella mañana y ya no lo estaban más, faldones de la camisa fuera, manchas de chocolate en la cara y metiéndose en la nariz el dedo índice, esperó a que ella pisara la cuerda para comentarle algo que lo había intrigado un momentito atrás:  

—¡Lupita! Acabo de mirar por el ojo de la cerradura del cuarto de la criada y he visto que papá la tenía atada a la cama y estaba sentado encima de ella. ¿Por qué crees tú que papá le estará haciendo eso a Lola?

El niño encontró lo que buscaba en el interior de su nariz y empezó, con la ayuda de otro dedo, a darle forma.

 La niña, manteniendo pisada la cuerdecita con uno de sus zapatitos de punta roma le explicó lo que ella creía estaba ocurriendo entre la sirvienta y el marido de su madre:

—Seguramente papá la ha atado para que Lola no se vaya. Mamá siempre dice que no quedan ya criadas tan trabajadoras, educadas y amables como Lola, y que si ella se va no encontraremos ninguna ni la mitad de buena que ella.

El niño asintió enérgicamente con su cabeza despeluchada y aceptó la explicación de su hermanita:

—Vaya, será eso. Pues papá estaba muy cariñoso con ella, y ella le gritaba a papá: <<¡Sigue, sigue, no pares!>>.

—Esto que viste tenemos que decírselo a mamá. Verás que contenta se pone —la niña dándole a la comba de nuevo, y el niño dedicándose a explorar el otro agujero nasal y mostrando una amplia, admirada sonrisa, a su hermanita elogió:

—¡Qué lista es, Lupita!

--¡Más lista que nadie! --convencida la pequeña.

(Copyright Andrés Fornells)