JUGANDO A LA RAYUELA DECIDIÓ ELLA SU FUTURO (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Verónica Nelson era una mujer con gran personalidad, carisma y elegancia. El éxito la persiguía, y ella, con enorme inteligencia, permitió que la atrapase. Con la imprescindible ayuda del tiempo, Verónica llegó a convertirse en una cotizadísima actriz que triunfó en el cine europeo y norteamericano.
En una entrevista que la hice para la revista “Grandezas de Mujer”, en la que yo trabajaba entonces, le pregunté si quería salir conmigo a comer una hamburguesa acompañada de una Coca-Cola. Con exquisita educación y una sonrisa que le iluminaba la cara como si fuese la fachada del Empire State, ella me dijo que era vegetariana, pero me lo agradecía igual que si se hubiese comido conmigo lo invitado por mí.
Insistí en que tuviera una salida conmigo y le propuse cantarle, imitando la voz de Frank Sinatra “New York, New York”. Rechazó mi oferta lírica diciéndome que no le gustaba que le cantaran canciones desde que una nodriza que tuvo, cuya cara le daba susto mirarla, le cantó nanas siendo ella  era todavía un bebé.
Finalmente, comprendiendo que no existía para mí posibilidad ninguna de enamorarla, le pedí me contase un secreto suyo, que a nadie le hubiese contado antes.
Me miró como si quisiera averiguar si yo era persona merecedora de su confianza y apreciando que así era, me contó:
—Decidí convertirme en actriz un día jugando a la rayuela con mi abuela Gladis.
—Tu abuela debía ser muy joven para poder jugar a la rayuela contigo —especulé.
—El mérito de que lo hiciera no consistía en su mayor o menor edad, sino en que era coja y padecía reuma.
—Entiendo. Te sigue faltando explicarme porque, el jugar a la rayuela con tu abuela, decidió que fueras actriz.
—Me lo pidió ella. Me dijo: Nena, ¿por que no consigues tú llegar a ser lo que yo tanto soñé y no pude conseguir: convertirme en una gran actriz. Y esto me decidió a convertir en realidad su sueño en mi persona.
De mi encuentro con Verónica Nelson saqué una simpática entrevista y, al llegar a casa animarme a jugar a la rayuela con mi abuela que ni estaba coja ni padecía reuma. Y de ese juego con ella estoy yo intentando cumplir su gran sueño: tratar de convertirme en un escritor famoso.

 

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