UN CONJUNTO DE EQUÍVOCOS (MICRORRELATO)

Share
UN CONJUNTO DE EQUÍVOCOS (MICRORRELATO)

—Hola, Conchi. Soy Arturo. Te llamo para repetirte otra vez más que sigo firmemente dispuesto a dedicar el resto de mi vida a hacerte feliz. ¿Qué me respondes?
—Caballero, se ha equivocado usted de teléfono. Mi nombre es Lorena. Y se da la casualidad de que soy soltera, no mal parecida y estoy precisamente buscando a alguien que quiera dedicar el resto de su vida a hacerme feliz.
—Tal vez sería interesante que nos conociéramos, Lorena. La chica que estaba llamando ha rechazado ya cinco veces esta proposición mía.
—No todas las mujeres somos iguales, ni los hombres tampoco. ¿Nos vemos hoy mismo? --propone ella ilusionándose.
—Nos vemos. Di dónde —él, entusiasmándose.
Ella escogió un conocidísimo parque de la ciudad. Él asistió al mismo, a la hora que ambos acordaron. Vio a una chica sola, guapa y con un cuerpo espectacular, se acercó a ella y preguntó, ilusionado:
—¿Eres Lorena?
A ella que le había gustado él nada más verlo respondió, encantadora:
—Yo seré para ti lo que tú quieras, simpático. Venga, dame tu mano para que empecemos a coger confianza el uno con el otro —ofreciéndole ella la mano suya.
Y los dos echaron a caminar con las manos presas, mirándose a los ojos y mostrando mutuo agrado
Al final, caprichos del azar que hilvanó una serie de equívocos, Arturo no mantuvo una larga y hermosa historia de amor ni con Conchi, ni con Lorena, sino con Julita, una compañera suya de trabajo.

Y es que a Cupido no le importan los nombres sino los sentimientos que poseen los seres humanos que escoge para unirlos.

(Copyright Andrés Fornells)