UNA GOTA DE HUMOR (CCIII) MICRORRELATO


Nos hallábamos los dos sentados en un banco del parque. Él, mi hijo pequeño, con cara de aburrimiento intentaba avanzar en la lectura de un libro, tarea convertida en obligatoria por el profesorado de su colegio. Yo me hallaba ensimismado pensando en lo mucho que ese mes había subido la
Jamás sabrás, Eloísa, lo que me hiciste aquella noche en la oscuridad del portal de tu casa, cuya farola más cercana dejé ciega de una certera pedrada. Yo apenas comenzaba a intuir los misterios, la magia del amor, todavía más presentidos que experimentados por mí. Tú ya habías saboreado muchos
En un país increíble, donde incluso lo inimaginable podía suceder, unos adolescentes que habían tomado parte en una manifestación a favor del desarraigo familiar, manifestación que encontraron divertidísima, llegaron a sus casas muy sudados, cansados, excitados y supersatisfechos de su actuación en el evento multitudinario del que habían tomado parte.