relato
UNA MUY SENCILLA HISTORIA DE AMOR (RELATO)
Ernesto Martos era un joven alto y desgarbado. Lo más bonito de su cara, las cejas, dos grandes medios arcos bastante igualados, exageradas cornisas para sus ojillos apocados. Trabajaba en un taller de reparación de bicicletas y, quizás por convivir todo el día con ellas y sus averías, las odiaba.