UN NIÑO Y SU PERRO JUGABAN Y CONVERSABAN (MICRORELATO)
El niño se llamaba Toni, y su perro Aristóteles. Toni había sido educado en la religión cristiana. “Aristóteles” había sido educado, más o menos, por Toni.
Los padres de Toni trabajaban los dos y dejaban a su hijo y al can, frecuentemente, solos en casa durante muchas horas.
Durante esos largos periodos de tiempo, el niño y el perro, unos ratos jugaban, y, otros permanecían inactivos, aburridos. El juego que más practicaban era el de Toni hacer rodar una pelota de tenis por el pasillo y el animal alcanzarla corriendo antes de que la pelota llegase a la puerta.
Cuando a ambos los rendía el cansancio, se tumbaban sobre la alfombra o sobre el sofá y reposaban. Durante esos reposos, a menudo, conversaban. En la conversación Toni empleaba su voz, mientras que Aristóteles usaba su inteligente mirada o entendibles bostezos con su enorme boca.
—Hoy también estoy triste —manifestó el niño llevándose ambas manos sucias a su despeluznada cabeza.
—También ayer estabas triste —respondió el can apoyando, perezosamente, la cabeza sobre sus estiradas, peludas patas delanteras asimismo sucias.
—Sí, es todo una mierda. Estoy triste casi todos los días —reconoció Toni sintiendo un inició de humedad en sus ojos.
—¿Estás triste por culpa de tus padres otra vez?
—Sí, otra vez por culpa suya. Siempre están enfados y discutiendo. Y yo sufro viéndoles así, porque yo les quiero y quiero verles contentos y felices.
—¿Qué crees tú que les pasa a tus padres?
—No lo sé muy bien. Cuando les pregunto por ello, me dicen que de lo que tengo de preocuparme es de estudiar para poder ser un hombre de provecho el día de mañana.
—¿Qué es ser un hombre de provecho el día de mañana?
—¡Y yo qué sé! Posiblemente que sea muy listo y sepa ganar más dinero del que ganan ellos, que repiten continuamente que todo está muy caro y el dinero no les alcanza.
—¿Qué es el dinero?
—Unas cosas redondas metálicas y también unos papelitos con números. Tú no lo necesitas, pero las personas sí lo necesitamos para todo. Hasta para cagar.
—¿Para cagar también? —elevando con enorme asombro sus cejar el perro.
—Claro, para poder comprar papel higiénico.
—¿Tú crees que es mejor ser perro que ser persona?
—Para algunas cosas sí. Los perros no tenéis que estudiar. Estudiar es aburrido y cansado. Si estudias poco, tus padres y tus maestros se enfadan contigo y cometen la crueldad de castigarte.
—Escuchando lo que dices, creo que es mucho mejor ser perro que ser persona.
—Infinitamente mejor —impulsivo el niño sin pararse al reflexionar.
Aristóteles abrió al máximo su boca en lo que podía interpretarse como sonrisa y bostezo. Cerró los ojos y quedó dormido. No tardó en emitir varios gruñidos. En sueños había encontrado un hueso enorme y lo estaba disfrutando mientras con sus amenazadores gruñidos mantenía a raya a una jauría de envidiosos congéneres suyos.
Toni cerró ojos y se durmió también. Y tuvo un sueño extraordinario. En la entrada de su colegio había un cartel que ponía: Cerrado para siempre jamás. En la escena siguiente él y sus padres se reían a más no poder. Se hallaban delante de un cajero automático que soltaba billetes de quinientos euros y los tres estaban llenando varios sacos con ellos.
(Copyright Andrés Fornells)