(Copyright Andrés Fornells) Una joven se tentó el pecho. No entendía que le pasaba. El inquilino que llevaba dentro nunca había latido con tanta fuerza y tan ruidosamente. Se acordó entonces del chico de sus amores y comprendió qué le ocurría. Le ocurría que ahora albergaba en su interior, además
—Que no, Encarna, que en la moqueta no me gusta. Tiene polvo y no huele bien, Vamos a la cama. —En la cama no podemos. La tiene ocupada mi marido. —¿Está tu marido en casa y en la cama? Pues yo me voy de aquí pitando —se asustó el amante.
—Toc-toc —se escuchó en la puerta de la humilde morada de un anciano. —¿Quién es? —preguntó él caminando hacia ella con cansino arrastrar de pies y ayudándose del cayado que asía con su mano derecha. —Abre que te traigo buenas nuevas —dijo una voz desconocida. El viejo abrió la puerta
—La ternura consigue resultados sorprendentes —decía siempre la madre de Sonia. Se expresaba así por un suceso que había tenido lugar en febrero. Cierta mañana de este segundo mes del año, Sonia, su hija, que contaba siete años, se hallaba jugando a la rayuela en el pequeño patio de su