SI BUENO ERA LO PERDIDO, TODAVÍA MEJOR FUE LO ENCONTRADO (MICRORRELATO)

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SI BUENO ERA LO PERDIDO, TODAVÍA MEJOR FUE LO ENCONTRADO (MICRORRELATO)

La estuve esperando con un precioso ramo de rosas rojas en mis manos, y ella no apareció. Tardé dos días en averiguar que, en vez de acudir a nuestra cita, se había marchado en el coche deportivo de uno que no le había regalado flor ninguna nunca, pero sí paseos automovilísticos a gran velocidad.

Me disgustó muchísimo las descortesías que Elisa tuvo conmigo. Pero no pensé en matarme ni me pasé una semana llorando su desamor. Tengo un corazón mucho más fuerte que una vidriera

Lo que hice fue pararme en un semáforo en verde y regalarle el ramo de rosas a una chica que conducía un Rolls-Royce azul. A ella le encantó mi regalo y dijo, encantada:

—Muchas gracias, guapo. Sube, te llevaré a la fiesta de cumpleaños de mi papá.

Ella se llamaba Elisa, su padre era una de los peces gordos de la ciudad y tenía tanto dinero que, por no caberle en un banco lo tenía repartido por varios de ellos.  

Ese hombre obeso y yo simpatizamos. Le encantaban los chistes de mendigos. Yo, por mi amistad con todos los sintecho de mi barrio conocía algunos chistes muy graciosos que ellos me habían contado mientras compartíamos un bocadillo que yo acababa de comprar.

Cuando ya de madrugada terminó su fiesta de cumpleaños aquel hombre ricachón me había cogido un extraordinario afecto, y me propuso ocupase el puesto de contable jefe suyo, y yo acepté.

Para que yo no sufriera las incomodidades de asistir a mi trabajo en autobús, este generoso financiero me regaló un Rolls-Royce amarillo. Estábamos arreglando los papeles para poner ese maravilloso vehículo a mi nombre cuando me desperté.

Me hallaba sentado en un banco donde me había quedado dormido. Todo lo anterior lo había soñado. El ramo de rosas había desaparecido. Su lugar lo ocupaba un gato de pelaje atigrado, y unos bellos ojos color musgo. Esos ojos me estaban mirando con genuino cariño.

Yo no había tenido nunca ningún animal doméstico y descubrí en aquel mismo momento, que me gustaría tener uno.

—¿Te quieres venir conmigo? —le pregunté.

—Miau —me contestó él.

—Yo que siempre he tenido facilidad para aprender idiomas nuevos entendí su respuesta afirmativa.

A ese gato, al que por respeto nunca le he preguntado su sexo, le he puesto de nombre Elisa, y la Elisa que sale con el tipo que conduce un coche deportivo se está perdiendo todas las caricias y palabras cariñosas que yo le dedico a la Elisa felina.

¿Saben aquel chiste del pobre que se quiso suicidar, se tiró por un puente, cayó encima de la dueña de un yate que en la cubierta tomaba el sol en bikini? No lo saben, ¿eh? Pues resultó que ella, por ser muy gea no ligaba nada y, abrazándolo le dijo: <<Amor mío, me vienes caído del cielo, y yo siempre he sabido agradecer debidamente todo cuanto me llega sin esperarlo>>. Y aquella buena mujer se quedó con el mendigo para que él la acompañase en el juego de hundir el confortable colchón y arrugar la ropa de la cama

(Copyright Andrés Fornells)