PÍLDORAS FILOSÓFICAS


Hubo una vez un país en el que padecía ceguera mental la gran mayoría de sus habitantes. Debido a esta deficiencia, multitud de ciegos mentales valiéndose de ser muy superiores en número a los que no padecían ninguna dificultad visual, decidieron que, para gobernar sus vidas bastaría y sobraría con
En una ciudad cuyo nombre no mencionaré, para evitar la posibilidad de que algunos de sus habitantes más violentos, extremistas y fanáticos, pudieran caer en la tentación de venir en mi busca y perjudicarme la belleza corporal, había un anticuario que ostentaba merecida fama por poseer extraordinarias maravillas dentro de
Un hombre llamado Inocencio Blanco atesoraba tres cualidades humanas muy admirables: era bondadoso, fácil de conmover y nunca le había negado un favor a quien se lo pedía. Alguna gente de esa que nace con la envidia agarrada al corazón, igual que la lapa se agarra a la roca, envidiaba
Era por la mañana y el bar Miralles se hallaba muy concurrido. Vi un hueco en la barra y lo ocupé, quedándome a la derecha un jubilado llamado Leandro al que no merecía la pena dirigirle la palabra porque, le dijeras lo que le dijeras, su respuesta era siempre encoger