NO SIEMPRE ES MALA LA TORPEZA (MICRORRELATO)
Rosendo Cuesta había demostrado su notable torpeza mucho antes de nacer. A su madre habían tenido que hacerle una cesárea porque siendo todavía un feto Rosendo cambio la posición que le convenía a la buena mujer que lo llevaba en sus entrañas, y en lugar de venir al mundo de cabeza, que habría sido lo favorable, él ponía empeño en venir de nalgas.
Una vez nacido, Rosendo, desde un principio procuró a sus familiares enorme preocupación con unas explosivas muestras de hilaridad tan exageradas que les sembró el temor de que pudiera asfixiarse, pues terminaba exhausto, sin aliento, al borde del colapso.
De quienes lo criticaban por aquellos desmesurados ataques de risa, su madre lo defendía:
—No le regañemos. Es bueno que sea tan alegre mi niño. Ya hay demasiados tristes en este mundo.
Rosendo tardó casi dos años en aprender a gatear, y cuatro en ser capaz de andar. Y cuando por fin caminó, eran tan torpes sus pasos que tropezaba continuamente, causándose hematomas, rasguños y hasta algunas heridas.
Todo el mundo le pronosticó que sería muy desdichado. Todo el mundo menos su madre que llena de fe lo defendía siempre:
—Mi niño es muy bueno. Tendrá suerte en la vida, ya lo veréis.
Quienes la escuchaban no la contradecían, se limitaban a mirarla con lástima y a mover la cabeza en sentido negativo, evidenciando que no compartían su optimista parecer.
Pero ocurrió que un día, mientras caminaba con su torpeza habitual, Rosendo tropezó nada menos que con la felicidad, se abrazó a ella con todas sus fuerzas y nunca más la ha soltado.
La felicidad de Rosendo se llama Alicia. Alicia es bonita y está dispuesta a amarlo y a serle fiel hasta que la muerte los separe.
Todos los que han tenido el desacierto de haberse unido a mujeres infieles los envidian. Y los amantes de emociones fuertes dicen de él y de su compañera sentimental, que son dos personas aburridas, anodinas que no viven emociones fuertes, pues no frecuentan los clubes swinger.
Cuando le comentan esto, Rosendo pone cara de incomprensión y dice:
—¿Pero qué emoción encuentra ellos al hecho de que les pongan cuernos, a la vez que se los ponen a otros?
Ninguno sabe qué responder a este juicio suyo tan sensato. Y es que muchos no saber reconocer que se puede ser muy torpe, juicioso e inteligente a la vez.