EL PLACER DE SER MORDIDO POR UNA SERPIENTE (Supersticiones, misterios y magia)

EL PLACER DE SER MORDIDO POR UNA SERPIENTE (Supersticiones, misterios y magia)

EL PLACER DE SER MORDIDO POR UNA SERPIENTE

(Copyright Andrés Fornells)

Al placer que provocan las drogas lo acompaña siempre el peligro. El principal peligro es la adicción que convierte al drogadicto en esclavo y candidato a morir por culpa de esa adicción , pues existen pocas drogas que no perjudiquen la salud a corto o largo plazo y las hay tan dañinas que causan la muerte.

Hace la tira de años, cuando yo era muy joven y la aventura me tentaba hasta el punto de correr riesgos que habrían podido acortarme la vida, viajé a países exóticos con una mochila y su contenido por toda riqueza mía.

En esa época tuve la oportunidad de llegar a Pindri una tarde y quedarme allí un par de días.  Pindri está en la India y pertenecía al Estado de Uttar Pradesh.

En la época que yo estuve allí, existía un gran número de cobras en esa región. Como todos sabemos, estos reptiles son muy venenosos y sus picaduras mortales. Leí, en algún lugar que la mordedura de una cobra lleva el suficiente veneno para matar a veinte personas o incluso a un elefante.

En Pindri me alojé en una especie de destartalada pensión (por darle algún nombre, pues para media docena de cochambrosas habitaciones solo había un cuarto de baño cuyo uso requería a menudo una larga espera porque estaba ocupado todo el tiempo por la multitud que nos guarecíamos allí) conocí a dos hindúes de más o menos mi edad con los que entablé amistad gracias a sus limitados conocimientos de la lengua inglesa y una utilísima mímica suya y mía.

Me hablaron de un placer que algunos jóvenes gozaban en esa región y que consistía en dejarse morder por una cobra.

Creí que pretendían tomarme el pelo y así se lo dije. Ellos, muy sonrientes siempre, esta vez se pusieron serios y me preguntaron si quería ver lo que acababan de contarme. Naturalmente, les dije que sí, aunque consciente de que podía enfrentarme a algún tipo de peligro. Nada existe más temerario que la juventud y la curiosidad cuando se unen.

Nos reunimos muy temprano por la mañana y nos adentramos en una zona arbórea no muy alejada de las viviendas. Una vez allí, con la ayuda de una especie de bastón, con uno de sus lados curvado consiguieron los dos hindúes apresar una cobra cada uno.

Procuré mantener a prudente distancia de ellos. Presencié como manteniéndola inmovilizada por el cuello aproximaban una especie de madera plana a su boca y el reptil la mordió dejando en ella su veneno. Acto seguido metieron a las cobras dentro de una bolsa y la ataron para que no pudieran escapar.

—Ahora ella segregará nuevo veneno, pero no el suficiente para que pueda matarnos —me explicaron—. Entonces dejaremos que nos muerda y sentiremos un placer extraordinario.

—¿Cómo de extraordinario? —quise saber fascinado por lo que acababa de ver y estaba escuchando.

—Pues un placer parecido al de la heroína.

—¿Cómo es el placer de la heroína? Yo nunca la he tomado.

—Pues de un extraordinario bienestar en todo el cuerpo, euforia, felicidad.

Al atardecer estuve con ellos. De que existía peligro en aquel modo de drogarse lo comprobé, pues estaban preparados con contravenenos y unas piedras calizas que servían para absorber una posible sobredosis.

Ocurrió como me habían dicho. La mordedura les hizo efecto y no he visto nunca a nadie más contento que aquellos dos. Saltaban, reían a mandíbula batiente, se les veía tan dichosos que me asusté y los abandoné.

Hoy he podido escribir esto por unos apuntes que encontré en una carpeta donde escribía las cosas más sorprendentes que viví en mis exóticos viajes de juventud.

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