UNA CHICA PERFECTA (MICRORRELATO)
Agapito Linares la vio salir de una tienda y, al instante su corazón enloqueció. Pudo sentirlo dentro de su pecho advertirle, a golpes de trueno, que aquella era la mujer por él soñada infinidad de veces.
Decidió seguirla. Un sabio presentimiento le avisó de que si la perdía nunca más volvería a verla, hecho que lamentaría cada segundo de su existencia. La vida le había enseñado que las cosas realmente buenas deben cogerse cuando se presentan, porque casi nunca conceden una segunda oportunidad.
Debía superar su timidez y hablarle. Pero ¿qué decirle que no la escandalizara, asustara, o molestara? <<Señorita, si usted y yo nos uniéramos, nunca más estaríamos solos, ¿verdad?>> Esto le parecería una solemne cursilada. ¿Qué le ocurría a su cerebro? ¿No era capaz de hilvanar algo realmente brillante, enternecedor, cautivador?
Ella se detuvo junto a la marquesina de la parada del autobús. Ahora era el momento, o se arrepentiría el resto de su vida. Agapito se acercó hasta quedar delante de la joven. Ella levantó hacia él sus hermosos ojos, un brillo de interrogación asomado a ellos.
—Tal vez la sorprenda lo que voy a decirle, señorita, tal vez no me crea, pero le juro que es la pura verdad: la llevo buscando toda mi vida.
Ella le dirigió la más luminosa sonrisa que él había visto jamás en boca femenina alguna, y respondió ilusionada.
—Qué maravilloso es encontrar y ser encontrada. Un auténtico milagro. Yo también te he estado buscando toda mi vida.
Agapito sintió de repente que las olas de la duda lo empujaban hostilmente en otra dirección. Y sufrió un inevitable temor de haberse equivocado. La cobardía se adueñó de él. Sus zapatos realizaron un giro de ochenta grados y este joven salió corriendo, huyendo quizás, por estupidez, por falta de valentía, de la verdadera felicidad que le había salido al encuentro.
(Copyright Andrés Fornells)