COSILLAS QUE APRENDÍ EN MIS VIAJES POR LAS SELVAS AFRICANAS (Sobre libros)


COSILLAS QUE APRENDÍ EN MIS VIAJES POR LAS SELVAS AFRICANAS
El animal más tonto de cuantos viven en el continente africano es el ñu. Cuando una manada de estos cuadrúpedos idiotas decide cruzar un río, como no cuentan con ningún líder que mejore al resto, todos siguen ciegamente al primero que se tira al agua. Me contó un testigo de este insensato hecho que en cierta ocasión presenció como el que había cogido la cabeza de la manada tomó la dirección de una parte tan profunda del río que murieron ahogados cientos de ellos por no ser capaces de alcanzar la orilla opuesta.
En África, los animales salvajes que causan más muertes (en contra de los muchísimos que deben creer otra cosa) son los enormes hipopótamos de bocas tan grandes como pistas de tenis y que bastante gente, que no sabe nada sobre ellos, encuentra simpáticos. Los hipopótamos son animales extremadamente territoriales y, si te bañas dentro de su territorio puedes encontrarte con que uno de ellos te engulle sin tan siquiera tomarse la molestia de darte las gracias ni de masticarte. Eso fue lo que le ocurrió al guía que iba conmigo y que justo acababa de decirme: “Vamos a ver si es cierto eso. Lo que no se prueba, no se sabe”.
Una creencia absolutamente falsa y muy extendida es la de que los cocodrilos después de zamparse a una víctima lloran. Vi a uno de ellos comerse a un bonito cervatillo confiado e inexperto, y al muy cabrón del anfibio no le vi soltar ni la más insignificante de las lagrimitas.
Cuando te veas cara a cara con un león, los guías africanos aconsejan no salir corriendo, y sí permanecer parado e incluso insultarles si es que te funciona la voz, pues estas peligrosas fieras están acostumbradas a que su posible comida corra y, si no corre dudan de que sea comida. Así que demuestra aplomo, valentía, inmovilidad y, si sobrevives, ya me contarás si esta práctica de la inmovilidad funciona o todo lo contrario.
Los elefantes, tan falsamente encantadores en cuentos infantiles (¿quién no gozó en la edad del moco del simpático orejudo Dumbo?), harás muy bien en salir corriendo cuando vengan a por ti pues suelen emplear su trompa con muy mala leche y no os cuento lo que podría significarle a tu indefenso piececito una pisada suya de varias toneladas de peso.
Y en el caso de encontrarte con un caníbal hambriento no pierdas el tiempo sonriéndole pues, por blanca que tengas tú la dentadura, más blanca la tendrá él. Busca su benevolencia y distracción ofreciéndole un bocadillo de jamón serrano y, si en vez de uno son dos bocadillos, mucho mejor. Recuerda que el ahíto puede hacerle ascos al manjar más suculento.
Cuando descubras la reunión familiar de un puñado de hienas no pierdas el tiem-po escuchando sus carcajadas y pon tus pies en polvorosa, que es lo que hacen incluso los leopardos entregándoles sus presas cuando estos feos cánidos les enseñas sus dentaduras que son las más poderosas de todo el reino animal.
Si tienes la mala fortuna de que una boa te caiga encima y se te ponga por bufanda, (no importa si esto te acontece en la estación invernal o veraniega) es urgentísimo por tu parte que le busques el cuello y la estrangules antes de que ella te estrangule a ti. No siempre, cuando uno lo necesita, tiene un cañón a mano. Procura recordarlo aunque no seas tan aficionado a la cosa bélica, como cierto ganador del Nobel de la Paz, que todos conocemos y criticamos.
Y para termina esta serie de breves, amistosas y bien intencionadas informaciones, si en plena intrincada selva te entra la acuciante necesidad de descomer, ve muy alerta de no hacerlo cerca de un enjambre de furibundas avispas o de una colonia de hormigas carnívoras, porque en cosa de segundos puedes salir de allí con las nalgas dobladas de tamaño o sin ellas.
Se puede amar a la naturaleza, se puede amar a todas sus criaturas, pero es primordial sobre todo que te ames a ti mismo y hagas lo imposible para llegar a viejo.
Y finalmente, si eres sensato, regalón y cobarde, quédate cómodamente en tu casa bien repantigado en el sofá viendo documentales sobre África, una cerveza fría en una mano y la otra ocúpala acariciando a la mujer que has tenido la inmensa suerte de que te quiere. Si te ha gustado este microrrelato quizás te guste también leer mi libro “SED NEGRA” disponible en Amazon https://www.amazon.es/dp/B07GV4WCGG/,

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