BRUJERÍA (RELATO)

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BRUJERÍA (RELATO)

En la calle del Búho, cuarto B, vivía no hace mucho tiempo, Eriberto Lozano, un jovenzuelo fantasioso, crédulo y gran aficionado a todo lo esotérico. Debido a esta peculiar inclinación suya, acudía frecuentemente a las librerías de lance en busca de libros misteriosos, relacionados con las ciencias ocultas.

El hecho de que sus padres eran fervientes católicos le obligaba a leer estos libros de ocultismo cuando ellos dormían. Una noche, en la página trece de un libro de brujería encontró la siguiente aseveración: Si quieres que una mujer baile desnuda para ti, escríbelo en sus zapatos con sangre de murciélago.

Con paciencia, una escopeta de perdigones y más suerte que puntería, este jovenzuelo consiguió cazar un murciélago. Fue una noche con él a casa de la chica de la que estaba muy enamorado y que, para infelicidad suya no le hacía el menor, consiguió entrar por la puerta de la cocina, llegó a tientas —pues de haber encendido alguna luz habría delatado su presencia allí— hasta el cuarto que creía era el de esa chica y, mojando una plumilla en la sangre del murciélago, escribió lo mejor que pudo, en el interior de un par de zapatos negros un hechizo que consistía en que ella se presentara en casa de él, entrara en su dormitorio y bailara desnuda para él. Despues de haber dejado los zapatos donde los había encontrado se marchó esperanzado de que aquel sortilegio funcionase.

A medianoche el jovenzuelo escuchó unos discretos golpecitos en la puerta de la calle. Bajó las escaleras corriendo, ilusionado a más no poder, y se encontró a dos pasos de él a la abuela de la chica que tanto le gustaba, bailando para él tan desprovista de ropa como su madre la trajo al mundo.

Solo otro murciélago, vivo y curioso, fue testigo mirando por la ventana que daba al dormitorio de Eriberto Lozano de lo que esa noche ocurrió en el dormitorio de este joven.

Lo que todo el mundo apreció el día siguiente fue la sorprendente desaparición de Eriberto Lozano y, para tranquilidad de sus padres que no se explicaban su repentina desaparición, recibieron una llamada suya desde Alaska explicándoles que estaba allí en un poblado esquimal comiendo pescado y cuidando un rebaño de caribúes. Y que por favor, cuando les fuese posible, le enviasen una caja de perfumes, para no oler todo el tiempo a peces y animales con cuernos.

(Copyright Andrés Fornells)