ENTREVISTA AL DAMNIFICADO POR UN GRAN INCENDIO (RELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
En el estudio de televisión, el invitado que segundos antes había recibido los favorecedores servicios de las maquilladoras, ahora, sentado en un cómodo sillón, empezó a ser entrevistado por el presentador, un rostro muy conocido, afamado veterano de los medios audiovisuales, ganador de varios premios otorgados por medios de comunicación, amigos suyos y amigos de la cadena para la que trabajaba con notable profesionalidad y gran audiencia, circunstancia que redundaría, una vez más, en la obtención de altos beneficios por publicidad para la empresa que lo tenía contratado.
—Un pirómano insensato y criminal provocó un devastador incendio en un bosque de su propiedad del que se han quemado más de 2000 hectáreas de pinos, ¿cierto? —fueron sus primeras palabras pronunciadas con una dicción perfecta.
Su entrevistado compuso una expresión compungida y en tono quejumbroso respondió:
—Sí, desgraciadamente, tal como usted acaba de mencionar fue un acto imperdonable perpetrado por un criminal contra la indefensa naturaleza. Todos los miembros de mi familia, sin excepción, estamos profundamente apenados y condenamos sin paliativos a ese desalmado pirómano que ojalá consigan detener y hacer pagar su atroz crimen —ahogó un sollozo antes de continuar—: Los pinos estaban tan verdes, tan bonitos, todos llenos de florecillas debido a lo bien que les estaba sentando la primavera. Y ahora son solo fantasmas renegridos que alzan sus desnudas ramas al cielo, como si fueran brazos inocentes clamando justicia.
El damnificado por el devastador incendio mostraba tal patetismo y abatimiento, que consiguió conmover al prestigioso entrevistador, quién reconoció:
—Ese incendio, por lo que estoy viendo, le ha roto a usted el corazón.
—Sin la menor duda, ¡en mil pedazos me lo ha roto! —llevándose el hombre un pañuelo a los lagrimosos ojos, sacado del bolsillo superior de su americana gris otoño.
El presentador se permitió una pausa efectista, en la que sacaron un conmovedor primer plano del rostro apenado y lloroso del entrevistado.
—¿Han apresado al supuesto pirómano o grupo de pirómanos? —continúo el entrevistador.
—No, no, a ninguno. Esos canallas realizan su trabajo destructor sabedores de que nunca les cogerán ni tendrán que pagar por ello.
—¿Y ahora qué ocurrirá con ese bosque calcinado suyo?
—Lo habitual. Malvenderemos los chamuscados troncos de esos desdichados árboles para que hagan leña con ellos. Esto nos alegra, en cierta medida, porque gracias a esa leña muchas personas podrán tener calientes sus hogares y no pasar frío el próximo invierno. Será una buena obra humanitaria.
—Sí, ciertamente, por lo menos servirá para algo, para una obra humanitaria esa terrible ruina ecológica —el entrevistador moviendo con gesto de simpatía su bien repeinada cabeza, posando principalmente para la cámara que enfocaba el lado de su rostro más favorable para él—. Y una vez limpia esa zona del bosque arrasada por las llamas ¿piensan repoblarla con nuevos árboles?
—De ninguna de las maneras —categórico—. Sería una locura. Un despilfarro. Sería darles una nueva oportunidad a los pirómanos para que pudieran ejercer otra vez más su criminal acción.
—¿Qué harán entonces con esa parte del bosque que se quemó?
—Pues lo mismo que han hecho tantos otros que has sido perjudicados de igual modo que nosotros: vender esos terrenos a una de esas solidarias empresas constructoras que construirán allí viviendas para la pobre gente que ahora vive en la calle o hacinada en casas de familiares.
—Muy bien. Demuestra usted ser una persona de muy buenos sentimientos, muy humanitaria.
—¡Absolutamente cierto! —rotundo el entrevistado—. Yo siempre digo: que a este mundo venimos todos con la santa misión de ayudarnos los unos a los otros.
—Bien. Ha sido un placer hablar con usted, una persona sincera, integra y altruista. Muchas gracias por su colaboración. Le agradeceré recomiende a esa empresa constructora, que realizará el sacrificio de comprarle ese terreno calcinado, que piensa en nosotros a la hora de encargar la publicidad. Se la haremos mejor y más barata de precio que nuestros competidores.
—Lo haré, no se preocupe. Y podré hacerlo porque me han propuesto ser accionista de esa constructora y pienso aceptar. Y como creo que dijo el buen Dios: “Hoy por ti, mañana por mí”.
Realizó el entrevistador disimuladamente un leve movimiento de su dedo índice. Inmediatamente, el encargado de los sonidos hizo sonar una extraordinaria salva de aplausos que duró hasta la entrada de la próxima cuña publicitaria.

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