UN LICOR QUE ESTÁ DE MUERTE
UN LICOR QUE ESTÁ DE MUERTE
Los indios de la Guayana preparan un licor
con las cenizas de los muertos.
UN LICOR QUE ESTÁ DE MUERTE
Los indios de la Guayana preparan un licor
con las cenizas de los muertos.
Perico Cortina trabajaba de lavaplatos en la cocina del restaurante Portillo. De la aislada chabola donde vivía, hasta su lugar de trabajo y viceversa le significaban tres cuarto de hora andando a buen paso. Cierta noche, terminada su jornada laboral caminaba él hacía su mísera morada cundo comenzó a llover
Hubo una vez un rey muy rico y poderoso que, impulsado por una ocurrencia que acababa de tener, le hizo una inesperada pregunta al más sabio de sus consejeros: —Dime, hombre sabio, ¿qué es el amor según tú? Su consejero, que era muy prudente y astuto le respondió de inmediato:
Una mañana, con el sol despegándose de la tierra, dos campesinos se encontraron en un camino rural y se detuvieron un momento a hablar. —¿Vienes de regar las remolachas, Manuel? —quiso saber uno. —Eso acabo de hacer, Paco. ¿Cómo va ese maíz tuyo? --se interesó el otro. —De momento mejor
Los dos eran adolescentes. Él se llamaba Ramiro y, ella, Merche. Habían acordado encontrarse, aquel domingo de verano, a las ocho de la mañana en “La Herradura”. Un lugar del río que debía este nombre a la pronunciada curva que la corriente fluvial presentaba en aquel punto. Habían dispuesto que