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Cierta mañana Anita Lucero se estaba bañando en el mar sin tener en cuenta el peligro que representaba el fuerte oleaje que había. Estrenaba bikini. La parte baja del mismo se ataba a los lados de las caderas y la parte superior a la mitad de la espalda. De repente
El vagabundo que se colocaba a un lado de la puerta de pequeño supermercado que frecuentaba yo, no era joven. Debido a lo desaseado y barbudo que iba me resultaba difícil calcularle la edad. Posiblemente estuviese más cerca de los sesenta que de lo cincuenta. Mi curiosidad y mi discreción
Nuestra abuela Rosa nunca se perdía las noticias de las nueve de la noche. La presentadora que las daba entonces, a mi abuela le caía muy bien porque se parecía a su prima Elvira con la que, cuando ambas eran jóvenes, se reían muchísimo jugando a darse tirones de los
Formaban un grupo de personas tan pobres, tan pobres, que solo tenía cada una de ellas, de su propiedad, la sonrisa que entreabría sus labios. Formaban un grupo tan generoso, tan generoso, que esa única propiedad, con sumo placer, la regalaban a todo el mundo. Cada noche, al acostarse los