UNA MUJER ENALTECIDA AL MÁXIMO (MICRORRELATO)
—Guapa. Guapísima. No existe otra igual que tú. Ni existirá nunca tampoco. Con esos ojos que parecen dos diamantes negros desprendiendo rayos de sol. Con esos labios, dos rosas abiertas por los que escapan cálidos alientos perfumados, embriagadores, que enloquecen a quienes los besan, y hacen sufrir la tortura de Tántalo a quienes mueren de deseos de gozarlos y no les dejo. Y esa naricita primorosa que parece un tierno capullo angelical. Y ese ondulante trigal de negro azabache que forman tus cabellos de noche plagados de estrellas. Y ese principesco, elegantísimo cuello de cisne. y esa figura corporal digna de ser inmortalizada por Fidias, Praxíteles, Miguel Ángel y otros muchos. Y todas estas extraordinarias maravillas que he mencionado modestamente me pertenecen, son mías. ¡Exclusivamente mías! ¡Te quiero, criatura maravillosa! ¡Jamás me separaré de ti! ¡Estaré toda mi vida contigo! ¡Eres una diosa!
Todo esto le decía, extraordinariamente admirada la narcisita Venus Vanidosa Pérez, a su imagen reflejada en un gran espejo.
(Copyright Andrés Fornells)