UN PRÍNCIPE VEGETARIANO Y MÁS COSAS (MICRORRELATO)

Share
UN PRÍNCIPE VEGETARIANO Y MÁS COSAS (MICRORRELATO)

Hubo una vez en la India un príncipe al que apasionaba sumirse en profundas reflexiones. Fruto de estas reflexiones fue que ningún ser vivo podía arrogarse el derecho de matar a otros seres vivos y, encima, comérselos.

Llegado a este convencimiento se convirtió en vegetariano y prohibió a sus súbditos cazar, pescar, lo cual significaba total prohibición de consumir carne o pescado. Y amenazó con terribles castigos a todos aquellos que desobedecieran sus órdenes. Y repartió avisos por todo su reino que ponían lo siguiente: Los seres de cualquier especie tienen el mismo derecho a vivir que nosotros, los humanos, y todos debemos respetar sus vidas, sea cual sea su forma o su tamaño.
         Aunque notoriamente contrariados, por miedo a terribles castigos, sus súbditos se sometieron a su voluntad y, en adelante comieron únicamente vegetales.    Pronto los animales, al descubrir que los hombres no les hacían nada, no les mataban más, se fueron envalentonando y comenzaron a comerse las cosechas de campos y huertas dejando sin alimentos a los pobladores de aquel reino.
        En poco tiempo la mitad de la población murió de hambre. La otra mitad, perdido el miedo por la hambruna, sobrevivió comiéndose al rey vegetariano y a todos los animales que les habían arruinado la agricultura, les mataron también.
        Aquel reino, ya sin rey ni herederos al trono, se convirtió en república y una de las primeras preguntas que los periodistas le hicieron al primer presidente de la misma fue: ¿qué pensaba del príncipe que se habían comido. Esta fue su despiadada contestación:
—¡Bah, sabía fatal! Lo devoramos únicamente para librarnos de él. Al lado de un buen filete de ternera, para sentir asco, vamos
—Me refiero a qué opinión les merecía como anterior dirigente de su país —insistió el reportero.
—¡Ah, eso! Verá, no por mucho reflexionar se convierte en sabio un imbécil. Aplíquese el cuento —amenazador.
A su interlocutor se le quitaron las ganas de reflexionar sobre la respuesta que acababa de recibir.

Al final, en un mundo sobrado de cobardes, los violentos imponen siempre sus leyes.

(Copyright Andrés Fornells)

Read more