SE QUEDARON SIN AIRE (MICRORRELATO)
Los dos vivían en el mismo edificio. Eran muy tímidos. Se gustaban pero nunca se habían atrevido a dar el paso de buscar un encuentro a solas y confesarlo. Una mañana coincidieron en el ascensor del edificio donde ambos vivían en compañía de sus respectivas familias. Él aspiró con fruición el aroma que desprendía el esbelto cuerpo de ella y dijo sin osar mirarla:
—Es delicioso el perfume que usas.
—Me complace que te guste —complacida ella—. Se llama: Atrapa besos.
Al decir esto se puso colorada como un tomate.
Él, sonrojándose también, dijo mirándola suplicante a los ojos:
—¿Crees que tus labios atraparían… un beso mío.
—Podrías probar a ver —aceptando ella, ilusionada, su atrevimiento.
Juntaron sus temblorosos cuerpos. Unieron sus bocas. El ascensor llegó a la séptima planta y ellos ni se enteraron.
Cuando sus pulmones se quedaron sin aire, mantuvieron sus miradas presas. En esas miradas se dijeron lo que mutuamente sentían el uno por el otro. Y volvieron a besarse hasta quedar de nuevo sin aire sus pulmones.
Repuesto el resuello iban a besarse de nuevo cuando se abrió la puerta del ascensor y entraron dos ancianos. El hombre sonrió comprensivo al verlos tan juntos. La mujer mostrando una expresión divertida dijo:
—Nosotros nos bajaremos en el entresuelo y os quedaréis de nuevo solos para continuar lo que fuera que estabais haciendo, y que debía ser muy de vuestro agrado por la cara de felicidad que poníais.
Con el rostro como la grana la joven pretendió justificar el hecho de haber sido cogidos infraganti:
—Ha sido nuestro primer beso.
—¿Ha sido satisfactorio? —intervino, interesado, el anciano.
—Muchísimo —confesó la chica con las mejillas encendidas dirigiéndole una mirada interrogante al chico.
Este, dándose por aludido confesó.
—Ha sido lo mejor que me ha pasado en toda mi vida —respondió con voz apasionada, dirigiendo una cariñosa mirada a su compañera.
Llegaron a la planta baja. Los ancianos se despidieron de los jóvenes diciéndoles a dúo:
—Aprovechad bien vuestra juventud. La juventud pasa tan rápido como un suspiro. Lo sabemos por experiencia.
Siguiendo este sabio consejo, los dos jóvenes mientras se cerraba la puerta se besaron de nuevo hasta quedar sin aire en los pulmones. Se dieron una breve pausa y continuaron.
(Copyright Andrés Fornells)