¿SABE USTED DE QUIÉN HABLO? (MICRORRELATO)

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¿SABE USTED DE QUIÉN HABLO? (MICRORRELATO)

Había nacido torpe para casi todo. Muy pocas cosas despertaban su interés, a excepción de una que le apasionaba hasta la locura, y que era: pintar. ¡Pintar, pintar, pintar! Y a satisfacer esta desenfrenada pasión se dedicó él en cuerpo y alma. Sólo cuando trataba de trasladar a un lienzo algo cuya belleza había fascinado sus ojos y embelesado su corazón se sentía bien, se sentía realizado, se sentía útil, experimentaba que su vida tenía razón de ser.
Pero como les ocurre a muchos artistas, él necesitaba ser reconocido. Necesitaba que la gente gozara con su arte, admirara su gran capacidad creadora, su talento, la embriagara la misma emoción que lo había embriagado a él.
Desgraciadamente, en la realidad, nada de esto ocurría. La gente que los veía, no reconocía mérito alguno a sus cuadros, pues le despertaban indiferencia, cuando no burla. Y con ello sembraban la tristeza, la rabia y la desesperación en la sensibilísima alma del pintor. La atormentaban, la destrozaban, la mataban.
Su hermano era el único que apreciaba su arte, el único que lo consideraba un genio, el único que escuchaba sus penas, sus quejas, sus desilusiones y trataba de consolarlo.
—Tus cuadros son muy buenos. Los comparo con los cuadros de otros de artistas que tienen enorme éxito y considero que los tuyos son infinitamente mejores. Posees un extraordinario talento, querido hermano; son los que te juzgan los que carecen de él. Los que no tienen talento ninguno. Ten paciencia. Algún día encontrarás una multitud de personas que sabrá reconocer tu gran valía y dirán de ti que eres un portentoso artista.
El pintor incomprendido, después de llevar una vida desdichada y ruinosa murió llevándose con él a la tumba la amargura de no haber sido comprendido ni valorado, como persona o como artista.
Algún tiempo después de su muerte, los buitres que se enriquecen con el talento de los demás ganaron fortunas gracias al extraordinario talento del genial pintor ninguneado e incomprendido, mientras él se pudría bajo tierra sin haber obtenido beneficio alguno. Y una vez más los mercaderes, los especuladores y la injusticia salieron triunfantes.

(Copyright Andrés Fornells)

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