NO SOY SUPERSTICIOSO, AUNQUE LO PAREZCA (MICRORRELATO)

Gato erizado

 

 

 

 

 

 

 

 

Empezaré diciendo que no me considero una persona supersticiosa, aprensiva o agorera. Sin embargo, a veces actúo de forma que se lo puedo parecer a cualquier persona de prejuicio fácil. Pongo por ejemplo anoche. Anoche me había vestido para ir al cine. Cuando voy al cine me pongo traje y corbata, lo mismo que cuando acudo a los entierros o a las reuniones de vecinos. En el Rialto echaban una película de acción que, quizás por lo tranquilo y pacífico que soy, es el género que a mí más me gusta.
Acababa de abrir la puerta del bloque de pisos donde tengo el mío, cuando cruzó por delante de mí un gato tan negro como el betún. Inmediatamente se me descompuso el cuerpo. La última vez que había visto un gato tan negro como aquél, me había atropellado un coche y roto una pierna. Logicamente, con estos antecedentes, regresé de inmediato a mi vivienda, me puse el pijama a rayas (como los que llevaban los presos de la películas de Charlot), me tomé una aspirina y un vaso de leche y me quedé viendo en la televisión una película muy inofensiva y cursi: “Mujercitas”, una versión muy  antigua en la que interviene la mítica y largo tiempo desaparecida Liz Taylor.
Una de mis primeras experiencias negativas, agoreras, la tuve de crio. Resultó que mientras recortaba las figuras de una baraja española, me resbalaron las tijeras con que lo estaba haciendo, cayeron de mis manos y quedaron abiertas en el suelo.
La primera consecuencia de ello fue un fuerte cachete por parte de mi padre, un discurso airado sobre lo mal que terminan los hijos malvados, y que me catearan cuatro asignaturas aquel curso.
Y más recientemente, el mes pasado, vinieron a arreglar los neones de la nave industrial donde yo me encontraba visitando a mi padre que en esa nave construye puertas y ventanas de aluminio, cometí el error de pasar por debajo de la escalera abierta del operario electricista y nada más salir de allí me robaron la cartera.
Y hace media hora he vertido sal mientras preparaba la comida del mediodía. Pues bien, al segundo siguiente me han dado la decepcionante noticia de que este año tampoco voy a ganar el premio Nobel de literatura. Bueno, esto último tiene cierta justificación porque nadie me ha nominado como candidato a ganarlo.
Suena mi teléfono. Voy a ver quién es.
—Sí, diga. ¿Que han robado mi coche del garaje donde me lo estaban reparando. ¿Pero no estaba averiado? Que se lo han llevado justo cuando acababan de repararlo… ¡Me lo estaba temiendo! Hace solo media hora que se me derramó una buena cantidad de sal… Hoy no salgo de casa… Y nañana veremos.