MI ABUELO CIRILO FUNAMBULISTA (MICRORRELATO)
El circo Topacio había adquirido merecida fama de contar siempre con el elenco de artistas más extraordinario del mundo entero.
Mi abuelo Cirilo actuó en el circo Topacio durante tres años. Su número era uno de los de mayor riesgo y, por lo tanto, más admirado y aplaudido por los espectadores.
Mi abuelo, sobre un cable situado a diez metros de altura, saltaba a la comba y daba saltos mortales.
Un día, el ambicioso dueño de aquella afamada compañía circense tuvo la ocurrencia de proponerle a mi abuelo algo que nunca había hecho nadie antes: recorrer el grueso alambre saltando a la pata coja y, además, tocar el violín al mismo tiempo.
—No sé tocar ese instrumento —fue la única oposición que le hizo ese fabuloso familiar mío.
—Encargaré al violinista de la orquesta que te enseñe a tocarlo —solucionó el director del circo.
Mi abuelo aprendió con tanta rapidez a tocar aquel instrumento de cuatro cuerdas, que sorprendió a todos los que siguieron su evolución, y muy especialmente al que le había enseñado.
--Amigo, tienes el don de la música metido en tu cuerpo y en tu alma --reconoció admirado.
Cuando mi abuelo estuvo preparado, anunciaron su número catalogándolo como el más espectacular de cuantos se habían realizado nunca.
Como se había previsto, con aquel número circense-musical tan extraordinario, mi abuelo cosechó un éxito apoteósico. Habían vendido tantas entradas que casi había más espectadores de pie, que sentados.
Una vez terminado el espectáculo, el director del circo llamó a mi abuelo a su despacho para felicitarle personalmente, elogiarle y anunciarle un importante aumento de salario.
—Cirilo, es usted un genio, un artista prodigioso, ¡único! Todos los medios de comunicación del mundo entero hablarán de la proeza realizada por usted. Nos ha dejado a todos boquiabiertos de admiración.
Mi abuelo, sonriendo muy satisfecho le comunicó:
—Me alegra muchísimo que haya gustado tanto mi actuación. No podrán ni usted ni nadie más volver a vérmela realizar de nuevo. Me despido.
—Le triplicaré el sueldo que cobra ahora —creyendo el director del circo Topacio que iban por ahí los tiros.
Mi abuelo, se mantuvo sonriendo. Agitó la cabeza en sentido negativo y le respondió:
—No se trata de eso. Estoy contento con lo que me ha estado pagando usted. Se trata de que usted me ha ayudado a descubrir que, para lo que realmente sirvo es para tocar el violín y no para jugarme la vida sirviéndole emociones fuertes a la gente.
Y así fue como mi abuelo llegó a ser uno de los violinistas más famosos del planeta.
Advertencia: que nadie lo busque en Internet ni en la Wikipedia porque este prodigioso familiar mío, en un loable alarde de modestia, toda su vida actuó bajo un nombre que no era el suyo, conservando para siempre el anonimato.
(Copyright Andrés Fornells)