LO DIJO PITÁGOTAS
Estuvo a su lado un brevísimo instante. Algo fugaz como la caída de una estrella, El aromático suspiro de una flor. Los mágicos silencios de un hada. Algo tan sutil como la sombra de una nube. Sin embargo, con su sola presencia, El brillo de sus ojos claros y limpios,
Agapito Linares la vio salir de una tienda y, al instante su corazón enloqueció. Pudo sentirlo dentro de su pecho advertirle, a golpes de trueno, que aquella era la mujer por él soñada infinidad de veces. Decidió seguirla. Un sabio presentimiento le avisó de que si la perdía nunca más
Era un fantasma que desde hacía cerca de cincuenta años moraba como amo y señor de un antiguo y aislado caserón. Este fantasma estaba muy satisfecho de sí mismo. Solo en la última década había conseguido deshacerse de doce inquilinos que habían pretendido compartir con él esta vivienda que consideraba
Por aquel entonces yo era un mocoso de cara sucia, pantalón corto y camiseta harta de lavados y que nunca crecía a la vez que yo, quedándoseme por ello muy estrecha. Había aprendido, de la vida algunas cosas y reconocía me quedaban millones de ellas por aprender Yo me había