LA VIDA EN BROMA (MICRORRELATO)
Adiós Lucrecia, que te vaya bien. Te fuiste dejándome el corazón roto, un trapo de cocina, una novela y una gata. El trapo de cocina lo tiré a la basura
porque estaba muy sucio y roto. La novela la había leído ya (malísima) y la empleé para encender la chimenea una noche que sentía frío. En cuanto a la gata se ha marchado con un gato que llevaba un collarcito de oro. La gata salió a ti.
Lo sospeché escuchándola decir todo el tiempo: mío, mío, mío. En cuanto al corazón mío roto me lo está reparando tu vecina Encarna. Que por cierto me ha dicho te dará las gracias en cuanto te vea porque hombres tan maravillosos como yo, según proclama ella, no se encuentran fácilmente.
¡Ah! Y voy a contarte otra cosita más, me ha tocado la lotería y voy a comprarme un chalé con piscina. Te adjunto una foto. A lo mejor, con lo exagerada que tú eres, posiblemente te parecerá pequeño. A mí no me lo parece, ya sabes que soy fácil de contentar. Lo dicho: que te vaya bien. ¡Ah! y una última cosa más: Ernesto, el tipo con el que te has juntado, está casado tiene cuatro hijos y lo buscan por el desfalco hecho al banco donde trabajaba. Podrás llevarle a la cárcel, cuando lo visites, uno de aquellos horribles pasteles de zanahoria con los que nos causabas indigestión y dolor de tripas al gato que ha huido y a mí.