LA METAMORFOSIS DE MARÍA PORTALES (RELATO)
María Portales llevaba una clase de vida que no le gustaba nada. Había enviudado de un buen hombre que, con esta valiosa virtud compensaba lo muy feo que era y su innata inclinación al ocio y al descanso.
El marido de María Portales se llamaba Manuel Descansa. Este buen hombre una mañana fue al monte a buscar espárragos. Llevaba recogidos media docena de ellos cuando sintiéndose agotado a más no poder se tumbó a dormir debajo de un pino. Un rayo desorientado se cayó encima de él y lo dejó igual que una salchicha en una barbacoa.
María Portales ocupaba una chabola en mal estado, heredada de sus padres que se dedicaban al chalaneo, arte ancestral con mucho riesgo que les había permitido sobrevivir hasta que le compraron a otro chalán amigo suyo un coche con tan malos frenos que en la primera curva a la que llegaron subidos en él, esos frenos no funcionaron y el vehículo terminó en el fondo de un barranco de 50 metros de profundidad. Aquel destartalado cacharro con ruedas y frenos traídores quedó hecho pedazos y, sus ocupantes, lo mismo o peor,
María Portales trabajaba para una compañía de recogida y tratamiento de basura. Durante las ocho horas que duraba su turno laboral solo veía porquería maloliente y fealdad pasar por la cinta donde ella y otros dos colegas recogían y apartaban todo aquello que se consideraba podía ser reciclado.
Todos los días eran iguales para ella: basura y peste, menos su jornada de descanso que aprovechaba para salir al campo a oxigenar sus castigados pulmones y contemplar la naturaleza que olía de maravilla. Siempre encontraba alguna planta de romero, rompía un pedacito de rama, se lo metía en la boca y su nariz gozaba con su agradable perfume.
Y por si Dios, tal como decían los católicos estaba en todas parte, cuando no tenía a nadie cerca que pudiese escucharla y tildarla de loca,ella alzaba su voz en una plegaría:
—Dios de los Cielos, si de veras existes y puedes escucharme, ¿cuándo harás que aparezca algo bonito en mi vida?
Una mañana, Dios decidió había llegado el momento de hacer algo por ella y le envió una mariposa. La mariposa poseía los colores más vivos y bonitos que se encuentran dentro de la naturaleza.
Con ojos embelesados, María Portales la siguió hasta el agotamiento. Después tomó asiento sobre una piedra que tenía parecida forma a la de un huevo de dinosaurio y, sumiéndose en profunda reflexión repitió el mensaje que le había enviado el Todopoderoso:
—Dios de los Cielos, si de veras existes y puedes escucharme, ¿cuándo harás que aparezca algo bonito en mi vida?
En la actualidad María Portales es inmensamente feliz. Vive en un Mariposario y ya ha comenzado, aunque todavía con cierta torpeza, cuando no tiene clientes que puedan distraerla, a mover los brazos como si fuese alas y se eleva algunos centímetros en el aire. Y en cuanto a colores, sus ojos, que antes eran negros se le están volviendo azules y su cuerpo, antes muy moreno, está adquiriendo los colores del arco iris. Lo de crecerle alas, no le ha comenzado todavía, pero está convencida de que ya tardará poco en conseguirlo.
MORALEJA: Los prodigios los consiguen, sin duda alguna, aquellos que los creen posibles. (Copyright Andrés Fornells)
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