LA GOTA QUE COLMÓ EL VASO (MICRORRELATO)

Llegué a la cafetería donde Elena y yo habíamos quedado, jadeante, con el aliento entrecortado. Era la enésima vez que llegaba tarde a una cita con ella. Le pedí perdón, igual que había hecho en otras muchísimas ocasiones. Pero esta vez Elena me respondió con el silencio. Abandonó la silla, me dirigió una mirada que me hizo estremecer, y no necesitó decirme con palabras, que habíamos terminado.
—Perdóname. No volveré a fallarte —intenté recuperarla.
Ella se alejó despacio, con el cuerpo algo vencido hacia adelante. Supe, por esta postura suya, que estaba llorando. También a mis ojos acudieron las lágrimas. Deseé llamarla, pero no lo hice. La honestidad se me impuso. Bloqueó mi garganta. Reconocí sería inútil prometerle que no volvería a fallarle. No iba a creerme más. Y con ella se fue mi mayor oportunidad de ser feliz con una mujer a la que amaba de veras a pesar de todo.