LA CIUDAD DE LAS CHICAS SONÁMBULAS (MICRORRELATO)


  • (Copyright Andrés Fornells)
    Voy a contarles lo que ocurrió en  una ciudad que, tecnologicamente  era de las más avanzadas del mundo. En esa ciudad, los varones jóvenes preferían divertirse con los videojuegos, a practicar el galanteo, el flirteo y el cortejo, entretenimientos  que fueron los favoritos de sus antepasado. 
    A un chica llamada Finita Serrucho le gustaba un chico llamado Eduardo Campana. Ella había procura llamar la atención de él, de muchos modos diferentes e infalibles en otros tiempos: pasar por delante suya perfumada con una fragancia afrodisiaca, lucir vestidos escotados por arriba y faltas muy cortitas por abajo, contonear voluptuosamente su bien proporcionado cuerpo, dirigirle miradas y sonrisas seductoras, etc. Nada de todo esto sirvió para que  Eduardo Campana apartase la mirada del juego que estaba jugando en su móvil de última generación. 
    Una noche de verano, por la ventana  que Eduardo Campana había dejado abierta  por razones del veraniego calor reinante, Finita Serrucho entró en su dormitorio  y tarareando una cancioncita muy de moda en aquel momento paseó por delante de él hasta conseguir despertarle. Eduardo Campana al notar que no estaba solo, encendió la luz y vio a una muchacha muy bonita en la que nunca se había fijado él antes. Descubrió que ella llevaba todo el tiempo los ojos cerrados y entendió que era una sonámbula que, dándose un paseo nocturno se había metido en su cuarto. Eduardo Campana conocías, por haberlo escuchado, que despertar a un sonámbulo era muy malo para quienes sufrían este tipo de trastornos, pues podía incluso causarles un ataque cardíaco. Así que cuando ella tomó asiento a su lado en la cama y le dijo:
    —Príncipe mío, vamos a comernos esta manzana a medias para salvarnos del terrible castigo del pecado original. 
    Eduardo Campana temiendo poder causarle un fatídico perjuicio si la despertaba, cuando ella,despues de darle un mordisco a la fruta se la entregó, él la mordió a su vez. 
    Y mordismo va, mordisco viene, se terminaron la manzana entre los dos. Entonces Finita Serrucho, que mantenía todo el tiempo los ojos cerrados, dijo: 
    —Pincipe mío, si no me besas en la boca, ten por seguro que me voy a morir. Eduardo Campana se imaginó el escandalo que se armaría si lo encontraban con un cadáver en su cama y la besó en la boca, tal como ella quería. Y descubrió experimentaba un inmenso placer con aquella caricia, Finita Serrucho le devolvió el beso. Y dando y recibiendo llegó un momento en que los dos se encontraron sin ropa y practicando el rito tan antiguo y placentero que descubrieron Adán y Eva una noche que, por estar nublado el cielo, no pudieron practicar su entretenimiento favorito: contar estrellas. 
    A Eduardo Campana le gusto aquella practica tenida con Finita Serrucho infinitamente más que todos los juegos almacenados en su teléfono movil de última generación. Y cuando la vio marcharse por la ventana le suplicó, con lágrimas en los ojos, que  a la noche siguiente regresara junto a él.
  • Tres noches más tarde Eduardo Campana le pidió a Finita Serrucho que, si se casaba con él, tiraría su telfono movil y todo su contenido, por el inodoro. Y realizado este acto, acordaron la fecha en que contraerían matrimonio. 
  • Un día, mientras daba clases de corte y confección, Finita Serrucho contó a sus alumnas como había conseguido atrapar a un estupendo marido y librarlo de los adictivos videojuegos. Aquella misma noche veraniega,  fueron entrando muchas muchachas sonbambulas en las habitaciones de los chicos que a ellas les gustaban, llevando una manzana en la mano y diciendo la frase mágica:  
  • –Príncipe mío, vamos a comernos esta manzana a medias para salvarnos del terrible castigo del pecado original. 
  • Y las iglesias de aquel pueblo se llenaron de parejas casándose, y el ayuntamiento tuvo problemms con los telefonos moviles que llegaron a atascar los desagues generales.