FRINÉ, LA MUJER A LA QUE SU EXTRAORDINARIA BELLEZA ESTUVO A PUNTO DE COSTARLE LA VIDA (ARTE)

FRINÉ, LA MUJER A LA QUE SU EXTRAORDINARIA BELLEZA ESTUVO A PUNTO DE COSTARLE LA VIDA (ARTE)

FRINÉ, LA MUJER A LA QUE SU EXTRAORDINARIA BELLEZA ESTUVO A PUNTO DE COSTARLE LA VIDA

(Copyright Andrés Fornells)
Friné era una hetaira. En la antigua Grecia, las hetairas eran cortesanas de clase elevada en la que las más hermosas, inteligentes y diestras en el arte de entretener y complacer a los hombres, podían enriquecerse fácilmente. Debido a la notoria categoría que se atribuía a su profesionalidad, contaban con muchos más derechos que la mayoría de las mujeres griegas. Podían conservar el dinero que conseguían, podían adquirir propiedades y podían viajar con absoluta libertad.
Friné fue la más extraordinariamente bella de todas ellas. Con el paso de los años esta cortesana llegó a reunir tan importante fortuna que cuando Alejandro Magno destruyó las murallas de Tebas, hecho ocurrido en el año 336 B.C. Friné ofreció pagar su reconstrucción a cambio de una inscripción en las mismas que pusiera: Alejandro Magno las destruyó y yo, la cortesana Friné, las reconstruyó.
Entre otros griegos famosos, Friné sedujo a Praxíteles que la convirtió en su modelo favorita, especialmente para las esculturas de Afrodita. Una de las más famosas esculturas de su persona fue la Afrodita de Cnidos.
Por esta razón, la de que esculturas suyas representaran a la diosa Afrodita, un jurado de heliastas acusó de blasfemo al genial escultor y también a Friné. A ella la sometieron a un juicio del que sería sentenciada a muerte en el caso de considerarla culpable de impiedad. Los miembros de este tribunal popular de Atenas se reunía en una plaza pública vecina del Ágora. Eran sorteados sus miembros entre los ciudadanos y recibían de sueldo tres óbolos (pesos de la antigua Grecia).
En el juicio de impiedad contra ella, Friné fue defendida por uno de sus amantes, el orador Hypereides. Pero su defensa no fue lo suficientemente buena y llegado un momento en el juicio en que vio que podía perderlo y ser ejecutada, Friné tomó una determinación desesperada. Se situó delante de los miembros de aquel grupo de fanáticos puritanos y pausadamente se desnudó. Los heliastas, al apreciar mudos de admiración, que la belleza de Friné merecía que la esculpieran representando a la diosa Afrodita, la absolvieron.
He leído otra versión sobre el juicio contra Friné, en el que fue el mismísimo Praxíteles quién la desnudo delante de los heliastas y éstos, totalmente fascinados, la perdonaron y ensalzaron.
De haber podido yo vivir ese antiguo juicio y actuado en calidad de heliasta, le habría entregado los tres óbolos de mi sueldo a Friné para que fuese un poquito más rica y, de paso, me dejase esculpirla con mis manos. Quizás gracias a ella yo habría descubierto que dentro de mí hay escondido un genial escultor.
Quienes tengan enorme interés por contemplar a la Afrodita de Cnido podrá hacerlo en los Museos Vaticanos. A los aspirantes a verla no les preguntan si son religiosos, agnósticos o ateos. Tolerancia total. Ved esa escultura y conoceréis la máxima belleza femenina.

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