FECUNDACIÓN, EMBARAZO Y PARTO DE UN LIBRO (3)

27 de feb. de 2009

JAZMÍN SIGNIFICA AMOR VOLUPTUOSO

Ella se llamaba Lela. Tenía quince años y, a mis ojos, era la chica más guapa que había nacido en el mundo. Para mí su rostro era como el agua para el sediento insaciable. Podía contemplarlo durante horas, sin llegar nunca a saciarme. Lela tenía los ojos grandes, negros como la pena de los que han perdido el Paraíso, y con puñados de titilantes estrellas agitándose dentro. Tenía la boca carnosa y los labios algo salidos como los de las mulatas, y del mismo color que los pétalos de las flores del cerezo.  Poseía una sonrisa mágica que me accionaba dentro del pecho todos los instrumentos de percusión. Tenía un cuerpo que me encendía el deseo y una gracia de movimientos que me embelesaba. Era tan innata en ella la seducción que la ejercía sin pretenderlo, de la misma forma que el aire nos da la vida y las flores sus fragancias.

Enamorados de ella, lo estábamos todos en el instituto, y ninguno conocíamos el camino que nos permitiera llegar hasta su corazón.

Un día, al salir de clase, nos encontramos con una lluvia torrencial. Del instituto a la parada del autobús había unos quinientos metros de distancia. Bendije a mi madre por el coñazo que me había dado obligándome a coger un paraguas. No sé si yo era el único de los chicos que lo llevaba, pero sí fui el primero que se acercó a Lela y le ofreció que lo compartiera conmigo. Sus ojos de noche estrellada buscaron los míos, sonrió y dijo una sola y, para mí, maravillosa palabra:

-Bueno.

Abrí el paraguas y a partir de aquel momento supe lo que era la plena felicidad. Ella, con toda confianza se cogió de mi brazo, causándome este acto suyo tal turbación que la cara se me puso como un campo de amapolas y dentro de mí la orquesta de percusión se volvió loca.

Llegamos a la marquesina y allí no había nadie. Generosidades de la vida. Supe darme cuenta entonces de que hay momentos en que tomar la decisión deseada puede convertirte en realidad los más extraordinarios sueños. Empecé a temblar y a temer que me fallase la voz, cuando más la necesitaba. Lela se dio cuenta de lo atribulado que estaba y me preguntó:

-¿Estás bien?

-Estoy en la gloria -conseguí balbucir.

Y entonces ella creó una sonrisa tan cálida como los rayos del sol en los mediodías del invierno.

-Nunca antes hemos hablado tú y yo -dijo.

-Mi corazón te habla continuamente, aunque tú no lo oigas.

-¿Y qué cosas me dice tu corazón? -mirándome con genuino interés.

-Que te quiero tanto, que moriría por ti -confesé trabucándome.

Sus negrísimos ojos registraron los míos.

-Nunca me dijo nadie algo tan bonito -reconoció encantada-. Dime qué es lo que más deseas en este mundo.

Yo seguía con el paraguas abierto, tan pendiente de ella que no me daba cuenta de su inutilidad pues estábamos a cubierto.

-Un beso tuyo.

Se le escapó la risa. Una risa tierna, complacida.

-Te concedo el deseo.

Ahora sí solté el paraguas y hubiera soltado un cofre lleno de tesoros sin importarme qué sucedía con ellos. Yo nunca había besado a una chica. Y encima cuanto me habían enseñado los expertos, que nunca faltan, se me olvidó de golpe. Hay flanes y terremotos que tiemblan menos de lo que yo temblaba en aquellos momentos. Coloqué mis trémulas manos en sus hombros y fui acercando mi boca a la suya. Y cuando la tuve muy cerca, ella abatió sus espesas y curvas pestañas y entreabrió levemente su boca pulposa, y juraría que anhelante. Simplemente aplasté mis labios contra los suyos y el universo estalló convertido en millones de partículas gozosas, y en todas ellas me encontraba yo.

No sé el tiempo que duró la caricia, ni recuerdo quién de nosotros dos se separó primero del otro. Sospecho que debió ser ella. Entonces nos miramos como si acabáramos de crear entre los dos un fabuloso mundo que era únicamente nuestro. Y me salió como un ave que consigue escapar del encierro donde ha permanecido encerrada una eternidad:

-Te quiero.

-También yo te quiero a ti.

Yo no sabía entonces, que de aquella relación mía con Lela saldría un libro que se llamaría: Jazmín significa amor voluptuoso.

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