ESE AMIGO SIEMPRE FIEL (RELATO)

Comparando cifras económicas del pasado con las cifras económicas actuales, esas personas que se arrogan el título de saber medirlo todo, personas que raramente le hacen ascos a la mentira, nos aseguran que vivimos mejor que nunca.
No poseo los conocimientos ni los medios para poder demostrar si están en lo cierto o, si están, intencionadamente, equivocados. Pero sí estoy capacitado para constatar todos los días que nos están recortando las libertades y nos están crujiendo a impuestos y sufrimos subidas insoportables: de electricidad, combustibles y alimentos, hasta el punto de que vivimos tan agobiados que apenas disfrutamos de poseer cosas tan maravillosas como tener buena salud y gozar de un cielo, un sol, unas nubes y unas estrellas gratuitos.
Y en este momento en que estoy en el monte, respirando aire infinitamente más limpio que el de la ciudad, sentado sobre una alfombra de hierba, soy presa de la depresión que me causan las facturas por pagar, los agobiantes impuestos, la inflación y el incierto futuro de las pensiones, siento unos lengüetazos en la mano. Troyano, mi perro, se ha dado cuenta de que estoy sufriendo uno de mis baches sombríos y me está diciendo que, para alegrarme el día y mostrarme su inmenso cariño está él.
Giro la cabeza y lo miro. Y él comienza a jadear, a hacer muecas graciosas y a mover su cola a la velocidad de un ventilador. Y le digo con una mezcla de emoción y ternura:
—Sí, mi querido Troyano, vale la pena seguir vivo para poder disfrutar de amigos tan fieles, generosos y magníficos como tú, y compartiendo el hermoso paisaje que nos rodea.
Y como si quisiera estropearme esta momentánea euforia, a mi derecha me hiere los ojos el brillo de unas placas solares que ocupan ahora el sitio que anteriormente ocuparon un gran número de olivos centenarios.
—Troyano, veremos si nuestros enemigos los hombres destructores permitirán sobreviva algún paisaje para que lo vean y lo disfruten nuestros nietos.
Mi fiel perro, que conoce muy bien algunos de mis estados de ánimo, ha notado que estoy muy preocupado y triste y, además de lamer mi mano me acaricia frotando su peluda cabeza contra mi pecho. ¡Ojalá en las nuevas generaciones crezcan tanto el amor, la inteligencia y la bondad que puedan salvar a esta humanidad que corre tan horrible peligro de extinción!
(Copyright Andrés Fornells)