ELLA ARRIBA Y EL ABAJO (RELATITO)
Un hombre perteneciente al bando de los que no tienen donde caerse muertos, vio a una mujer del interior de una prestigiosa y cara boutique. Esta mujer llevaba en su mano derecha dos bolsas que contenían las elegantes prendas que acababa de adquirir.
El hombre pobre la reconoció enseguida y reconoció, admirado, que se mantenía tan hermosa como cuando ellos dos salían juntos. El corazón le estalló de dolor y sus ojos legañosos se llenaron de lágrimas. Se mordió los labios para no llamarla y, por vergüenza, se escondió en un portal para que ella no pudiese verlo.
Esta bellísima mujer caminó hasta el ostentoso Rolls-Royce que la esperaba junto a la acera donde un chofer uniformado mostrándole deferencia le abrió la puerta.
El vagabundo desastrado que la estaba observando a través de sus lágrimas, murmuró lacerándole la boca cada palabra que salía de sus labios.
—Adiós, ingrata. Fue tanto el amor que te di, que ni para sentirlo por mí me quedó. Disminuiría mi sufrimiento saber que alguna vez, cuando estás con el ricachón que te ha comprado, añoraras toda la felicidad que yo te di antes de que la codicia te envenenara los sentimientos.
El ostentoso automóvil se perdió a lo lejos. El pobre hombre que se había escondido en un portal lo abandonó comenzando a andar calle adelante arrastrando los pies, sintiendo sobre sus hombros la carga más pesada e insoportable de cuántas existen: la carga de la desdicha.
Compadecidas de él, las negras nubes que cubrían el cielo se abrieron para permitir que un cálido rayo de sol las atravesara y calentase el encorvado, depauperado cuerpo de aquel hombre desdichado al que había abandonado una mujer que se encumbró hundiéndolo profundamente a él.
(Copyright Andrés Fornells)