EL DUEÑO DE LA CASA DIJO QUE ERAN MANCHAS DE KÉTCHUP (RELATO NEGRO)

EL DUEÑO DE LA CASA DIJO QUE ERAN MANCHAS DE KÉTCHUP (RELATO NEGRO)

EL DUEÑO DE LA CASA DIJO QUE ERAN MANCHAS DE KÉTCHUP

(Copyright Andrés Fornells)

Era un asesino tan listo que cuando vino su amigo el comisario Sullivan a almorzar con él, le dijo que las manchas de sangre viejas que éste vio en el suelo, nada más entrar en el salón, eran kétchup. Su amigo el comisario, servicial, ofreció ayudarle a quitar esas manchas con un detergente especial que él conocía.

—Soy un amo de casa muy bueno. Mi mujer está encantada conmigo y así lo dice a todo el mundo —se autoelogio el funcionario policial.

—Nada haremos ahora, mi querido amigo. Ya me darás ese detergente tan bueno otro día. Ahora vamos, primero que nada, a la cocina a comernos dos buenas hamburguesas que tengo preparadas. Las machas de kétchup las limpiaré yo luego, más tarde, que tengo más práctica que tú. Práctica que he tenido que ejercer desde que me ocurrió lo que tú bien sabes.

—Es extraordinario lo bien que te las apañas desde que tu mujer te abandonó precipitadamente —dijo, admirado el representante de la ley.

—Bueno, mi mujer tampoco se pasaba de limpia —recordó el asesino.

—Tú siempre has dicho de ella que no era una buena ama de casa.

—Ciertamente, lo he dicho siempre. En lo que sí era buena mi mujer era en meterme cuernos.

—Bueno, consuélate pensando que, a partir de su fuga, los cuernos se los estará metiendo a otro.

—Cierto, a no ser que le dé por serle fiel, algo que considero improbable, pues la cabra tira siempre al monte.

—Bueno, allá cada cual con sus problemas. Tú te quitaste el tuyo de encima.

—Eso es muy cierto. Muy cierto. ¡Je, je, je!

—¡Ja, ja, ja!

Los dos amigos se echaron una risa cada uno por razones diferentes. La risa del comisario era una risa inocente, la del anfitrión una risa culpable.

Y en cierta arte del jardín un cadáver de mujer dormía el sueño eterno.

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