EL DESENGAÑO DEL CONDE DRÁCULA Y SU TRAGEDIA (RELATO)

EL DESENGAÑO DEL CONDE DRÁCULA Y SU TRAGEDIA (RELATO)

El conde Drácula alcanzó una edad madura y le entró de pronto la urgencia de tener un heredero, un hijo que siguiera la tradición familiar y mantuviera en buen estado su tenebroso castillo, su macabros jardines donde crecían flores rojas que tenían forma de calavera y plantas carnívoras con poderosas dentaduras que devoraban todos los insectos que se acercaban a ellas, sin desdeñar a ratones, pájaros y algún que otro camaleón.

Este siniestro aristócrata había amado a varias mujeres, pero por amarlas con demasiada intensidad les había chupado la vida antes de que ellas pudieran darle un heredero. Empezaba a sentirse viejo, sus colmillos muy desgastados ya por el abusivo uso le exigían un considerable esfuerzo cuando quería clavarlos en un cuello y, cuando al final conseguía penetrarlo le dolían tanto durante un par de días que, no pudiendo hincarlos de nuevo corría peligro de deshidratación.

Habló de este asunto que le urgía con su mayordomo que, mucho más viejo que él se alimentaba ya con sangre en polvo mezclada con leche, nutriente que se tomaba con biberón.

—Hay una muchacha llamada Draculincha, en el pueblo de los desangrados, que es tan fuerte que puede, además de darte un hijo procurarte también la sangre diaria suficiente para que nunca pases sed.

—Tráemela lo más pronto que puedas —le apremió el conde Drácula—, porque no me queda tanto tiempo para engendrar un hijo y dejarle mis propiedades y mis maravillosos genes.

Su mayordomo, a la joven elegida, se la trajo al día siguiente. Y tal como él había dicho, Draculincha estaba tan sana y era tan fuerte que una avispa le picó en un brazo y acto seguido se refugió en el nido que con otras compañeras tenía construido en el tronco de un árbol. Draculincha, enojada, le dio una bofetada al tronco, con este golpe hizo papilla el hogar de una treintena de avispas y tumbó ese árbol al romperse por su base.

—Eres extraordinaria, hermosa entre las más hermosas —elogió, admirado, el aristócrata chupador de sangre—. Vamos a la cama donde, mientras me das de beber, yo te dejaré embarazada.

Y después de un centenar de tentativas, el siniestro conde le hizo un niño a Draculincha.

—Por fin tengo un heredero —exclamó el anciano chupador, exultante de felicidad.

Felicidad que se esfumó al ver que el bebé recién nacido, en vez de lanzarse al cuello de su madre se lanzó a su seno y comenzó a chuparlo ávidamente.

—Maldición, mujer mía, tendremos que hacer otro bebé que nos salga bueno y eliminar a éste --exclamó muy disgustado.

Se equivocó por completo el malvado conde, pues Draculincha había nacido con un amor maternal tan arraigado, que en vez de sacrificar a su bebé lo sacrifico a él, pues en vez de suministrarle alimento, le quitó el suyo a él dejándolo, en menos de una semana, listo para ocupar el lugar que le correspondía en el panteón familiar.

Draculincha se convirtió en vegana y obligó a todos los súbditos de su condado a serlo también. La noticia de este cambio alimenticio se extendió por todo el mundo y el palacio del conde Drácula se convirtió en un centro turístico de primera magnitud a pesar de lo caro que cobraban la entrada y no digamos el alto precio que costaba la estancia en habitaciones llenas de ataúdes con vampiros dentro; vampiros que llegada la noche sollozaban melodiosamente para deleite de los amantes de emociones macabras.

(Copyright Andrés Fornells)

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