DAME TU MANO Y LEERÉ TU FUTURO (MICRORRELATO)
—Oye, no te rías, que te hablo muy en serio, Luciana —convincente yo—. Dame un momento tu mano y te leeré el futuro. No, así no, que me pongo a acariciarla y se me olvida que soy vidente. ¡Ja, ja, ja! Así la quiero, mostrándome la palma —Colocando la mano suya como yo quería—. Vaya, vaya, vaya, qué mano tan bonita tienes.
—Pues la otra mano es igual que ésta --burlona--. ¿Me vas a leer el futuro o solo pretendes aprovecharte de mi confianza en ti para acariciarme la mano? —ella mostrándose paciente.
—No seas mal pensada, mujer. Tú confía en mí y llegarás a muy buen puerto.
—¡Ja, ja, ja! Ni que yo fuese un barco.
—En todo caso, si fueses una embarcación serías un yate de superlujo.
—Dime ya lo que sea, pronto, que me estás poniendo nerviosa.
—Si yo te dijese lo que siento en este momento y en otros momentos en que estás lejos de mí, sí que te lo pondrías. Te pondrías realmente nerviosa.
—Déjate de tonterías, o me marcho —amenazó risueña.
—No me mates, corazón. Para una vez que te tengo tan cerquita... Bueno, vamos al lío. Esta raya de aquí, que se curva al principio y luego se alarga recta, significa que tendrás una larga vida --recorriéndola con mi dedo índice--. Y esta otra, casi paralela, significa que esa larga vida la tendrás en compañía de otra persona. ¿Te describo a esa persona?
—¿Puedes hacer eso, aparte de hacerme cosquillas con tu dedo en la palma de mi mano? —mirándome ella con incredulidad.
—Mira, preciosa, otros no podrían, pero yo debido a mis extraordinarios poderes psíquicos y paranormales, sí que puedo. Escucha bien que te lo voy a describir. Él es un joven bastante bien parecido. Tiene los ojos muy negros y el pelo también, y suavemente rizado. Unos mechones le caen sobre la frente dándole aspecto de aventurero, de pirata del Caribe.
—Parece como si te estuvieses describiendo a ti mismo… —mostrando Luciana una mueca divertida.
—Estoy describiendo lo que leo en las rayas de tu mano, y nada más —con interesada contundencia.
—Bueno, haré como que te creo —graciosamente dudosa ella.
—Otra cosa que leo en tu mano es que te conviene dar un paseo ahora mismo. En ese paseo surgirá algo que repercutirá de un modo muy importante en nuestra vida, en la tuya y en la mía.
—¿Tú crees eso? —interesándose.
—Lo creo y lo afirmo. Y ahora, manteniendo tu mano dentro de la mía echemos a andar. Te acompañaré para que no pueda sucederte nada malo por el camino. Dominó a la perfección bailar baladas, saltar a la comba y practicar las artes marciales.
Caminamos dos cuadras rozándose nuestras caderas y, aprovechando yo un momento en que no teníamos a nadie cerca, la forcé a detenernos. Quedemos frente a frente, muy cerca el uno del otro. Nos miramos fijamente, vimos en lo más hondo de nuestros ojos lo que queríamos ver: una genuina curiosidad.
Que su curiosidad era tan grande como la mía me lo demostró el hecho de que nuestras bocas se encontraron a mitad de camino, y en que el interés que Luciana demostró en nuestro beso no era menor al interés demostrada por mí.
La videncia fue siempre una de mis más importantes capacidades de percepción. Y en aquel beso yo percibí que Luciana no había nacido para recorrer conmigo el largo camino de la vida. Ella sacó la misma conclusión que yo. Nos separamos con un amable y educado <<hasta la vista>>.
Luciana sigue viva, hermosísima, adorable, tal como yo aprecié en las líneas de su mano, pero compartiendo su vida y sus besos con otro que no soy yo.
Hay lecturas que uno desearía no leer.
En la cafetería donde me encuentro acaba de sentarse en la mesa vecina a la mía una joven. Es muy hermosa. No lleva en sus manos anillo alguno de compromiso.
La miro y me mira. Deseo ejercer de nuevo mis prácticas paranormales. Le sonrío y me devuelve la sonrisa. Le dirijo la palabra:
—Oye, si me permites ver un momento la palma de tu mano te leeré, gratis, el futuro. Soy vidente, benefactor y altruista.
Es simpatiquísima. Tiene una risa contagiosa, cantarina. Sus bellos ojos azules me examinan. Les he gustado apreció en como brillan. Concede, benevolente:
—De acuerdo. Tú lees en mi mano el futuro que me espera, y yo leeré en la mano tuya el futuro que te espera a ti. Yo también soy vidente, benefactora y altruista.
Compartimos una carcajada. Me paso a su mesa. Leo su mano y ella, después, lee la mía. Luego confieso:
—Hasta que no cambiemos un beso, no sabré si eres la mujer de mi vida.
—Creo lo mismo que tú, hasta que no cambiemos un beso no sabré si eres el hombre de mi vida.
Ella se llama Luna y hemos quedado en ir esta noche a una discoteca que lleva por nombre: Futuro.
Más adelante os contaré el resultado de este encuentro entre Luna y yo. Os contaré si nos besamos y lo que sentimos al hacerlo. Mientras tanto, os dejo anclados en el suspense. No, no soy malvado dejando esta incógnita, únicamente soy travieso.
(Copyright Andrés Fornells)