COSAS DE ENAMORADOS (MICRORRELATO)
Un parque oasis de verdor y calma dentro de una populosa ciudad. El cielo cubierto de densas nubes oscuras. Humedad en el aire todavía adormecido. Poca gente paseando. Una parejita camina sin prisa, acompasando sus pasos, las caderas tocándose.
Se detienen, unos ojos buscan los otros. Brilla el mismo embeleso en los de ambos.
—¿En que piensas? —quiere saber ella, coqueta.
—En darte mi paraguas —ofreciéndoselo él con una pícara sonrisa.
—¿Por qué dármelo? —sin cogerlo.
—Por si quieres guarecerte de la lluvia de besos que voy a darte.
—El paraguas guárdatelo —burbujeándole a ella la risa en la garganta—. ¡Vamos! ¡Adelante! Quiero que esa lluvia de besos me empape toda.
Se abrazan y unen sus bocas incendiadas de amor y de pasión. A él se le cae el paraguas al suelo. Un vagabundo, aprovechando que los dos jóvenes están ausentes de la realidad, se lleva el paraguas. Él vive en otra realidad diferente a la de los dos enamorados: la realidad de su pobreza.
Un rato más tarde, cuando comienza a llover, el joven del paraguas se acuerda de él y se pregunta cómo es que ya no lo tiene más. Los dos jóvenes se toman de la mano y, riendo alocadamente, corren a guarecerse en una glorieta donde en verano, bandas de música dan conciertos. Y una vez allí siguen besándose. Nada alterará su ardiente pasión.
A varios cientos de metros de distancia de ellos, un vagabundo se protege de la lluvia que cae debajo de un paraguas que, muy recientemente, ha pasado a ser suyo de modo gratuito.