CIPRIANO LAGUNAS ODIABA LAS MATEMÁTICAS (RELATO)
Como les ocurre a tantos estudiantes, Cipriano Lagunas odiaba las matemáticas debido a lo mal que se le daban. Quizás por eso teniendo conocimiento, la vigilia, de que al día siguiente 14 de marzo Día Internacional de las Matemáticas, aquella noche soñó que un jurado de jueces lo condenaban por no acordarse del valor que tenía la Pi.
Él dijo varias cifras que le pasaron por la cabeza, pero sus verdugos movían todo el tiempo su cabeza en sentido negativo, hasta que se hartaron de escucharlo y dijeron a coro:
—Su valor aproximado es de 3,14159. Debido a su naturaleza, tiene infinitos decimales, siendo común utilizar 3,14 o 3,1416 para cálculos prácticos. Y estos son los azotes que te vamos a pegar, por ignorante y mal alumno.
Afortunadamente, para él, Cipriano se despertó al sentir el dolor del primer latigazo.
En pijama y arrastrando sus pies marchó hasta la cocina y allí, horrorizado vio que su madre llevaba un delantal de fórmulas estampadas en él y decidió para no seguir viéndolo:
—Hoy no desayuno en casa, mamá. No tengo apetito. Me comeré un donut en el cole.
—Pero, hijo, tienes que comer. Estás creciendo —argumentó la buena mujer.
—Ojalá, tuviera ya setenta años y estuviese jubilado ya.
—No te entiendo, hijo. Tienes deseos locos. Yo y tu padre que pensamos con horror en el día de nuestra jubilación, desearíamos tener la edad que tú tienes ahora.
Cipriano sin hacer caso a las palabras de la buena mujer que lo trajo al mundo, corrió hacia su cuarto, se vistió y abandonó la casa corriendo y sin darle a ella el beso de todos los días, detalle de afecto cuya privación le causó a ella llanto y comentar entre sollozos:
—Crías a un hijo con amor, te desvives por hacerlo feliz y luego ese hijo te niega hasta el único beso que te da en todo el día…
Cipriano se comió dos pastelitos y se unió a su grupito de amigos. Todos ellos odiaban las matemáticas tanto como él. Ninguno mencionó que era el odioso día internacional de las odiadas matemáticas. Las únicas cifras que manejaron fueron de lo hermosos que se veían los dos senos de Enriqueta o las doble excitantes nalgas de Pili Minifaldas.
Por fin llegó el momento de entrar en clase. El profesor Caradepoquer espero a que todos estuvieran acomodados para anunciar en voz que a todos sus alumnos les pareció entusiasta:
—¡Hoy quiero que recitemos π hasta 100 decimales! ¡Voluntarios!
Cipriano nunca, en toda su vida había hecho novillos, pero ese día no pudo con todo el horror que llevaba almacenado su delgado cuerpo de doce años y salió de la clase corriendo más veloz que Usain Bolt.
Regresó a su casa a la hora del almuerzo. Sus padres le preguntaron que tal le había ido en clase en El Día internacional de las Matemáticas.
—Mejor que otros días. En este momento son en mi reloj las 14, 3456908000 —se inventó el muchacho.
Sus padres quedaron admirados.
—¡Qué maravilla! Y eso que dices siempre que no te gustan las matemáticas —aplaudió el padre.
—¡Tenemos en caso a un Einstein y no lo sabíamos —ponderó asimismo la madre.
Cipriano sonrió forzadamente, pensando en el castigo que recibiría cuando la dirección del colegio comunicara a quienes le habían dado la vida, su escapada del colegio.
(Copyright Andrés Fornells)