CARTA SEMANAL DE UNA ESCLAVA (MICRORRELATO)

PATÉTICA
Te amé con todo mi cuerpo y toda mi alma. Me entregué a ti por completo y conseguí enloquecieras de placer. El menor de tus caprichos te lo concedí. Entre nosotros dos no hubo más voluntad que la tuya. Yo fui tu abnegada esclava. Viví para ti. Tu dicha era la mía. Sólo tú contabas. Te entregué cuanto poseía, pues me bastaba tu amor para considerarme la persona más rica de este mundo, y nada más necesitaba.
Y cuando ya te lo había dado todo y no me quedaba nada que poder darte, un día, aprovechando una ausencia mía de dos días por un viaje de trabajo, te marchaste llevándote las escasas pertenencias de algún valor que todavía me quedaban. Cuando a mi vuelta descubrí esta ruin acción tuya, no lo sentí por mi ruina total sino porque te habías ido de mi vida dejándola tan vacía como una bañera que ha dejado correr por el sumidero el líquido que contenía. Por favor, te lo suplico vuelve a mi lado. Haré para ti lo que me pidas, incluso prostituirme y darte el dinero que consiga. Y si no te basta que me prostituya por ti, robaré e incluso asesinaré en tu provecho. Ya sabes todo lo dispuesta que estoy a hacer por ti. Vuelve a mi lado, por favor. Vuelve, porque tu ausencia me está matando.
Tu esclava,
EVA
Una semana más tarde ella recibía de vuelta esta carta, debido a que ignoraba la dirección del ingrato huido y escribía una inventada por ella. Abría esa cara y mientras la leía lloraba desconsoladamente sintiéndose la más desdichada de todas las mujeres. Y cuando se había desahogado bien, escribía una nueva humillante carta a una dirección cualquiera, pero con el remitente correcto.

Y un día un hombre que había sido traicionado del mismo modo que ella se presentó en su casa y tras contarse ambos sus desdichas decidieron unir sus vidas consiguiendo con ello un extraordinario éxito como pareja, dejando demostrado que ni los desengaños ni los sufrimientos duran siempre.

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