TENER COMPAÑÍA FEMENINA HASTA EN SU ÚLTIMA MORADA (MICRORRELATO)

un hombre no quería estar solo

 

 

 

 

 

(Copyright Andrés Fornells)

Pilatos Munilla, un hombre extremadamente mujeriego, dilapidó la mitad de la enorme fortuna heredada de sus padres en una multitud de mujeres que se le entregaron por dinero, por regalos y, muy minoritariamente, por su escaso atractivo físico, pues, como bien expone aquel famoso dicho nuestro (que nos han copiado los británicos): “Sobre gustos y colores no hay disputas”.
Llegado este empedernido “casanova” a una avanzada edad y aquejado de una enfermedad terminal, le compró por una elevada suma, a Crespo Cabos, un afamado anticuario, el esqueleto de una mujer que su prestigioso vendedor le aseguró había pertenecido a una bellísima princesa persa.
—De ella dijeron los historiadores persas, que era tan hermosa, que podía considerársele la obra perfecta femenina salida de las prodigiosas manos del Creador.
—Pues además de la pequeña fortuna que me has pedido por ella añado una generosa propina y mi agradecimiento —manifestó, emocionado, su comprador.
Pilatos Munilla reunió a continuación a todos sus familiares y les expuso su última voluntad: Que colocaran el esqueleto de la princesa persa dentro de su ataúd y la enterraran con él.
—Si no me complacéis en esto, no veréis un céntimo de la parte de fortuna mía que no fui capaz de gastar y que os dejo, y, aparte de esto, regresaré a este mundo para daros sustos de muerte todas las noches.
Sus herederos cumplieron a rajatabla este último deseo suyo y pu-dieron disfrutar alegremente de su herencia y de sueño apacible y reparador todas las noches.
Al que sí se apareció el espíritu enfurecido del difunto Pilatos Murilla fue al que lo engañó vendiéndole un esqueleto de hombre diciéndole que era de mujer, aunque se trataba también del hijo de un rey. Y no solo se le apareció, sino que le tiró de los pelos y terminó dejándole calvo.
Este aterrado estafador, para que el ánima del fallecido mujeriego le dejase en paz, consiguió que le abrieran el panteón, el ataúd del estafado y le cambió el esqueleto masculino que le acompañaba, por uno femenino perteneciente a una famosa vestal romana.
Y a partir de aquel momento el cabreado espíritu de Pilatos Munilla dejó de atormentarle por las noches y arrancarle los pelos de las patillas (los únicos que conservaba todavía), al astuto y deshonesto anticuario Crespo Cabos.
MORALEJA: No vayáis por la vida practicando el engaño porque podéis encontraros en la misma aterradora situación y calvicie que el anticuario aquí mencionado.

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