BREVE HISTORIA DE DOS GRACIOSOS Y UNA CHICA QUE LE GUSTABA TRONCHARSE DE RISA (MICRORRELATO)

mecánico
BREVE HISTORIA DE DOS GRACIOSOS Y UNA CHICA QUE LE GUSTABA TRONCHARSE DE RISA
Pepe Lechuga se había echado novia. La novia se llamaba Azucena Alacena, era muy guapa y tenía la risa muy fácil. Pepe era graciosillo y Azucena lo pasaba muy bien con él porque con sus jocosidades le provocaba frecuente hilaridad.
Pepe Lechuga era mecánico y tenía a Rufo Mieloso, otro mecánico, como su mejor compañero de trabajo en el taller donde ambos estaban empleados.
Se daba la circunstancia de que los dos eran tan chistosos que mantenían a todos los demás compañeros muy divertidos con sus ocurrencias y payasadas. En la empresa se les quería mucho porque con su buen humor contribuían a que existiera un buen rollo entre los operarios y los clientes que, al menor problema en sus vehículos acudían al taller para recibir sus servicios y de paso reírse un rato con los chistes y las ingeniosidades de los dos graciosos.
Pepe Lechuga hablaba a su novia tan a menudo de las ocurrencias y chanzas que compartía con su colega del taller, que despertó el interés de ella hasta el punto de expresarle que le gustaría muchísimo conocerle.
—El sábado que viene le diré que venga al bar que tú y yo frecuentamos y tendrás oportunidad de conocerle.
—Que traiga también a su novia, si la tiene —propuso Azucena.
—Rufo vendrá solo. No tiene novia.
—¿Qué te parece si invito a mi amiga Filo e intentamos liarlos?
—Pues no sé. Filo es bastante fea —reconoció Pepe.
—Ya, pero seguramente le gustará conocer a tu amigo. Filo tiene una risa muy alegre y contagiosa.
Pepe estuvo de acuerdo. Se reunieron en el bar Parchís y desde el primer momento reinó gran simpatía y buen humor entre los cuatro. Rufo congenió bien con Filo, pero muy especialmente lo hizo con Azucena que se partía de risa con él.
A la semana siguiente de este encuentro tan exitoso, la novia de Pepe comenzó a salir con Rufo. A su novio le sentó fatal este suceso y tuvieron una buena bronca que Azucena liquidó decidiendo:
—Pepe, tú y yo hemos terminado.
—¿Pero por qué? —perplejo e incrédulo el que a partir de aquel momento descendería para Azucena a la categoría de ex novio.
—Pues porque con Rufo me río muchísimo más que contigo, y es de sabios rectificar, y yo rectifico. De ahora en adelante mis risas serán todas para Rufo. Adiós para siempre
—Pero tú y yo lo pasamos de maravilla en la cama —aún argumentó Pepe.
—No te lo discuto, pero es que yo disfruto muchísimo más riendo que practicando sexo, para que te enteres.
Azucena ordenó a sus pies realizar medio giro y una vez realizado éste, indicó a sus piernas alejarse. Pepe se quedó con el corazón mitad desnivelado, mitad lleno a rebosar de rencor. Y en el próximo encuentro que tuvo en la calle con su ex novia y su ex amigo le lanzó una maldición:
—¡Quiera Dios que vuestra felicidad no sea eterna!
Pepe Lechuga acertó. La felicidad de Azucena Alacena y de Rufo Mieloso no fue eterna: duró 60 años de feliz y alegre matrimonio, duración que quebró la muerte que los pilló riendo a carcajadas cogidos de las manos, cuando vino a por ellos.

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