EL GATITO DE LA ABUELA (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
La jovencita Agripina Suarez sale por la puerta de su casa. Camina con pasos rápidos en dirección al cercano contenedor de basura. Su amiga Tere Campos que la ve, se fija en la expresión de malhumor que muestra su cara y siguiéndola, se interesa:
—¿Qué te pasa, Agri?
—Nada que estoy disgustadísima.
Han llegado ambas junto al contenedor de basura. Agripina levanta la tapa y un gesto de repugnancia contrae su cara, al tiempo que exclama:
—¡Qué asco! ¡Qué peste! ¡Uf!
Y con las dos manos comienza a remover bolsas de basura. Junto a ella, su intrigada amiga quiere saber:
—¿Qué estás buscando, Agri?
—Un maldito gato de peluche.
La otra no entiende.
—¿Cómo sabes que está aquí?
—Porque esta mañana temprano lo tiré yo.
—¿Y porque lo tiraste?
—Por lo viejo y estropeado que está.
—Pues déjalo —razona la otra.
—No puedo. En casa he dejado a mi abuela llorando a moco tendido.
—¿Por qué llora tu abuela?
—Porque a ese gato asqueroso, lo quería ella tanto de niña que lo llenaba de besos cuando se sentía triste, algo que ha seguido haciendo toda su vida. Y limpiando hoy su cuarto, a mí se me ha ocurrido tirarlo.
—Chica, tienes una abuela muy rara.
Agripina se queda mirando a su amiga con ojos de censura y le responde:
—Mi abuela no es rara. Mi abuela es extremadamente tierna y sentimental. Y yo la quiero a morir.
—Perdona. Lo dije sin pensar.
Cortada, Tere ayuda a la otra a buscar el peluche. Es precisamente ella quien lo encuentra todo manchado de salsa de tomate.
—Dios tendré que lavarlo —decide Agripina resoplando de alivio.
—Ven. Lo lavaremos en mi casa y lo secaremos con el secador de pelo.
Pasándosele el momentáneo enfado, Agripina la dirige una mirada de afecto y asevera:
—Qué buena amiga eres.
Y marchan juntas a realizar la tarea de adecentar el viejo gatito de la abuela.

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