AMARGO DÍA DEL PADRE (MICRORRELATO)

(Copyright Andrés Fornells)
Un padre vivía solo en una casa muy vieja. La mísera pensión que cobraba le alcanzaba lo justo para no pasar mucha hambre. Sin dinero para reparar un tejado que se caía en pedazos, los días de lluvia las goteras lo acosan, limitaban los espacios donde podía permanecer dentro de su pobre hogar sin mojarse.
Este padre, todas las mañanas cuando entraba en la cocina para prepararse el frugal desayuno leía con voz temblorosa una poesía enmarcada que, un día lejano, le escribió el hijo amado que largo tiempo atrás lo abandonó y olvido, como se abandona y se olvida un trasto inútil del que ningún provecho más puede sacarse. La poesía del hijo desagradecido ponía así:
“Papá, se secarán los océanos,
desaparecerá del cielo la luna,
se apagará la luz del sol,
quedaran sin voz los pájaros
y sin perfume las flores,
antes que yo dejar de amarte”.

Y leyendo esto, a aquel padre desengañado, un sollozo le rompía el pecho y mezclaba en su desportillado tazón el pan migado, con leche y su amargo llanto.

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